lunes, 16 de junio de 2014

Mi Experiencia

  Por Lourdes Guzmán de Anda

“La boda es un día, el matrimonio…toda la vida”

Como ya saben estoy comprometida y dentro de los muchos trámites para casarse están las pláticas prematrimoniales. Mi prometido y yo dialogamos sobre recibirlas en la parroquia o asistir a un fin de semana organizado por otra institución, analizando las opciones decidimos que queríamos sacarle el mayor provecho posible y no hacerlo sólo por cumplir con el requisito por lo que optamos por tomar las charlas del “Encuentro de novios” impartidas en una casa de retiro.

Afortunadamente pudimos participar de este encuentro y recomiendo a todos aquellos que se van a casar o que desean algún día unir sus vidas en matrimonio se den la oportunidad de asistir a estas pláticas o algunas de su preferencia que les permitan desconectarse del mundo para concentrarse únicamente en su relación de pareja y en la persona que se ha ganado su corazón.

Para mí la experiencia de estar desconectada del mundo fue excelente. La verdad es que a 6 meses del gran día he andado con muchas cosas en la cabeza tanto de la organización como del trabajo y cosas personales por lo que despejar la mente de esas banalidades me ayudó mucho además últimamente la mayoría de las conversaciones con mi novio eran sobre la boda.

Aprendimos más sobre nosotros y nuestra relación al mismo tiempo que compartimos casi 48 horas de tiempo de calidad.

En lo personal considero que en mi noviazgo nos hemos dado oportunidad de hablar de aspectos importantes y más ahora con miras a formar una familia de manera más cercana y real. Además hasta donde sé, hemos sido sinceros el uno con el otro por lo que algunos temas abordados en las sesiones no eran algo nuevo para nosotros, pero aún así fue de gran ayuda porque en ocasiones uno no dimensiona la importancia o la inmensidad del compromiso matrimonial, o bien no nos damos el tiempo debido para dialogar y llegar a acuerdos o se van postergando esas platicas por distintos motivos.

Al inicio del fin de semana aprendí más sobre mí, identifique cosas en las que aún me falta trabajar y, gracias a mi futuro marido, descubrí cualidades mías que no había detectado antes. También conocí más a mi novio, sé que nunca terminare de conocerlo pero ahora sé que me hace falta poner mayor atención para entenderlo mejor. Por otro lado, comprendí lo que significa verdaderamente ser esposa y vivir buscando la unidad y no la felicidad ya que ésta resulta de lograr la primera. Concretamente vimos los temas de los hijos, las finanzas, qué cosas queremos adoptar de nuestras familias, qué cosas deseamos evitar y cómo queremos vivir la religión en el nuevo hogar que formaremos, entre otros aspectos no menos relevantes.

Una de las cosas más importantes que aprendí es que el matrimonio es para tres, algo que nunca había escuchado pero es completamente razonable y hasta necesario. Pero no vayan a mal pensar, los que deben estar son el hombre, la mujer y Dios; si sacamos a Dios queda un espacio para alguien más y es entonces cuando surgen los problemas. En la actualidad hay muchos divorcios y creo que una de las mayores razones de esto es que desde el inicio no se está con Dios o en el camino nos alejamos de Él.

Por último sólo me queda decir que al finalizar el encuentro nos comprometimos de una manera más real y profunda como pareja y reforzamos nuestra decisión de compartir plenamente cada día de nuestras vidas.

El amor es una decisión que se reafirma y se demuestra cada día

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