Por
Lourdes Guzmán de Anda
“La boda es un día, el matrimonio…toda la
vida”
Como ya saben estoy comprometida y dentro
de los muchos trámites para casarse están las pláticas prematrimoniales. Mi
prometido y yo dialogamos sobre recibirlas en la parroquia o asistir a un fin
de semana organizado por otra institución, analizando las opciones decidimos
que queríamos sacarle el mayor provecho posible y no hacerlo sólo por cumplir
con el requisito por lo que optamos por tomar las charlas del “Encuentro de
novios” impartidas en una casa de retiro.
Afortunadamente pudimos participar de este
encuentro y recomiendo a todos aquellos que se van a casar o que desean algún
día unir sus vidas en matrimonio se den la oportunidad de asistir a estas
pláticas o algunas de su preferencia que les permitan desconectarse del mundo
para concentrarse únicamente en su relación de pareja y en la persona que se ha
ganado su corazón.
Para mí la experiencia de estar
desconectada del mundo fue excelente. La verdad es que a 6 meses del gran día
he andado con muchas cosas en la cabeza tanto de la organización como del
trabajo y cosas personales por lo que despejar la mente de esas banalidades me
ayudó mucho además últimamente la mayoría de las conversaciones con mi novio
eran sobre la boda.
Aprendimos más sobre nosotros y nuestra
relación al mismo tiempo que compartimos casi 48 horas de tiempo de calidad.
En lo personal considero que en mi noviazgo
nos hemos dado oportunidad de hablar de aspectos importantes y más ahora con
miras a formar una familia de manera más cercana y real. Además hasta donde sé,
hemos sido sinceros el uno con el otro por lo que algunos temas abordados en
las sesiones no eran algo nuevo para nosotros, pero aún así fue de gran ayuda
porque en ocasiones uno no dimensiona la importancia o la inmensidad del
compromiso matrimonial, o bien no nos damos el tiempo debido para dialogar y
llegar a acuerdos o se van postergando esas platicas por distintos motivos.
Al inicio del fin de semana aprendí más
sobre mí, identifique cosas en las que aún me falta trabajar y, gracias a mi
futuro marido, descubrí cualidades mías que no había detectado antes. También
conocí más a mi novio, sé que nunca terminare de conocerlo pero ahora sé que me
hace falta poner mayor atención para entenderlo mejor. Por otro lado, comprendí
lo que significa verdaderamente ser esposa y vivir buscando la unidad y no la
felicidad ya que ésta resulta de lograr la primera. Concretamente vimos los
temas de los hijos, las finanzas, qué cosas queremos adoptar de nuestras
familias, qué cosas deseamos evitar y cómo queremos vivir la religión en el
nuevo hogar que formaremos, entre otros aspectos no menos relevantes.
Una de las cosas más importantes que
aprendí es que el matrimonio es para tres, algo que nunca había escuchado pero
es completamente razonable y hasta necesario. Pero no vayan a mal pensar, los
que deben estar son el hombre, la mujer y Dios; si sacamos a Dios queda un
espacio para alguien más y es entonces cuando surgen los problemas. En la
actualidad hay muchos divorcios y creo que una de las mayores razones de esto
es que desde el inicio no se está con Dios o en el camino nos alejamos de Él.
Por último sólo me queda decir que al
finalizar el encuentro nos comprometimos de una manera más real y profunda como
pareja y reforzamos nuestra decisión de compartir plenamente cada día de nuestras
vidas.
El amor es una decisión que se reafirma y
se demuestra cada día
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