Por José Francisco Macías
Calleja.
El público fue llegando poco a poco al teatro.
El foro estaba enmarcado en una lluviosa tarde característica del incoherente
clima de Mayo, por lo que la gente — a excepción de algunos fumadores que
exhalaban bocanadas de humo en la banqueta — ya esperaban ansiosos el inicio de
la presentación.
Dicho y hecho, cuando el
reloj marcó las ocho de la noche, sonó la tercera llamada y comenzó la obra.
Con las luces apagadas, los asistentes estaban preguntándose qué esperar al
respecto de la obra. Si el teatro no es algo común, la obra en específico lo
era aún menos. Muchos habían asistido invitados por familiares, o amigos; otros
más asistieron por curiosidad, y no podría faltar aquel que había asistido por
un deber moral.
Poco a poco los actores
comenzaron a salir a escena, maquillados y disfrazados hasta quedar
completamente irreconocibles. Todos eran unos perfectos mentirosos, dibujando
en la mente del público las ideas de aquello que no existe, apareciendo como
por arte de magia un mundo diferente y ajeno a lo cotidiano.
Las personas presentes se
fueron metiendo en la trama, con las luces, el canto y el baile de los actores.
Seguramente hubo muchos que no entendieron nada de lo que sucedía; sin embargo,
había algo mágico, algo diferente en lo que les presentaban. La obra era una
conjunción curiosa de lo bello y lo extraño, pero cautivaba los sentidos y la
mente.
Aunque los actores fueran
muy talentosos, viendo con atención a veces era posible notar en sus rostros el
cansancio y el esfuerzo de tantos días de trabajo, empero de sus ojos se
desprendía el gran orgullo que les parecía lo que estaban haciendo.
El camino andado fue
llegando a su fin. El clímax marcó el inicio del desenlace, donde casi medio
centenar de actores entregaron el último aliento. La historia terminó con un
estruendo de luces y música que impactaron en lo profundo a los asistentes, aún
superando cualquier prejuicio o defecto. Es curioso que la belleza apasionada
en efecto cambia la realidad en que viven los hombres, a pesar de la dureza de
algunos. Y los actores fueron premiados por su esfuerzo inundados por los
aplausos.
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