Por Juan
Pablo Salas Martínez
¿Qué es
el cielo sino la encrucijada entre amar y odiar?,
Escoger amar porque es la entrega y el donar.
¿Qué es
un hombre, sino la perfecta armonía de paz?
¿Qué es
un alma, sino el amor de Dios entre la insignificante humanidad?...
Porque
el regazo de un sueño
no se forja entre los pensamientos,
sino en el amar y entregar,
en el
donarse y volcarse al amar.
Hoy
entiendo la magnífica armonía,
entre
el hombre que camina y el Dios que lo vigila,
para que no tropiece ni consienta la flaqueza,
del horrendo mundo por el cual vive espiritual
pobreza...
A la luz de la luna, al humear de un café,
hoy
entiendo que la verdadera armonía,
se
encuentra en el amar y el querer. ¿Y cómo no amarte,
Magnánima
Hostia que me das vida,
si a mí
inútil cuerpo y a mi frágil alma tú animas?
Que noche de secretos, esconde en su velada,
la estrella más hermosa, la estrella más
callada...
Y a los cuatro vientos grito, cual náufrago al
ver la orilla,
La más
noble oración que me carcome:
¡"Gracias Madre María, gracias por ser mi
Vida"!

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