Por Andrés Gómez Orea
Cuando voy
de misiones sueño que soy un viajero, olvidado del mundo y de la realidad,
sueño que estoy a días de distancia de mi familia y de los demás, sueño que me
he olvidado por completo de lo que estoy acostumbrado a vivir, sueño ser
alguien sin mayor importancia ni preocupación. Sueño que me siento satisfecho
con la alegría que siento al golpear el viento mi cara mientras me alejo de mi
vida anterior.
Cuando voy
de misiones siento que hay mundo mejor detrás de las noticias, detrás de lo
superfluo, detrás de la crueldad. Siento que hay una luz en el fondo del
camino, una lampara que no tiene ocaso, un fuego eterno que se consume sin
hacerlo. Siento que hay algo que quiere cambiar al mundo, algo que me cambia a
mi mismo, siento que existe el amor.
Cuando voy
de misiones veo pobreza de todo tipo, veo gente que nunca ha querido vivir como
lo ha hecho, veo una tranquilidad que no parece la verdadera paz. Veo un mundo
diferente, veo lucha, veo esfuerzo, veo gente menos intoxicada que yo, veo una
raza un poco distinta a lo que estoy acostumbrado. Veo que por más globalizado
que esté el mundo, nunca será suficiente para que todos tengamos los mismos derechos
y obligaciones, la misma cultura, las mismas razones, la misma fe.
Cuando voy
de misiones creo que estoy donde debería, creo que todos deberían estar allí,
creo que la noche y sus estrellas son otras que en la ciudad. Creo en mi y en
los demás, creo en cada mentira que me intente engañar, creo que no se nada,
creo que voy a enseñar lo poco que se. Creo que he hecho mal en dedicar mi vida
a otras cosas, creo querer lo que quiero creer.
Cuando voy
de misiones imagino transformar a los demás, ser un amigo para ellos y ellos
amigos para mi, imagino todo que todo se puede reparar, que no hay nada que la
gracia no pueda solucionar. Imagino un plan ideal, una sociedad verdaderamente
humana, imagino un mundo sin mal.
Cuando voy
de misiones anhelo ser bueno, ser un caballero, alguien que se quiera recordar,
anhelo incluso la inmortalidad. Anhelo hablar con alguien cada noche, un amigo
confidente con quien contar. Anhelo vivir tranquilo, anhelo que todos me puedan
perdonar. Anhelo que sus dioses conozcan quien soy yo, y que yo conozca a
Cristo.
Y al final…
después de que me doy cuenta de que fue una experiencia distinta a lo que
anhelaba, después de lo que creí, de lo que vi, y de lo que sentí, al final… me
doy cuenta que soy solo un viajero que sueña ser misionero.

¡Qué bonito Andrew!. Siento que vibras desde el fondo y que te identificas con lo que es una entrega verdadera y total, que vas convencido, que no pretendes adornarte por ir de misiones, que te mueve el dolor ajeno, que te identificas con la sencillez y la humildad (que a veces son sinónimos de puereza...qué quiere Dios de ti, mi viajero soñador?
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