Por
María Isabel Moreno Castillo
Aunque
mi nivel de superstición es bajo cuando iba a camino a la oficina
pensé que un martes 13 es un mal día para cumplir años. Eso tiene
que ser de mala suerte, que día escogió para nacer la prima de
Cruella de Vil.
- Lucía, ¿hoy habrá pájaros en el alambre?
- Claro que sí. No tendrá con quién celebrar y querrá que nosotros nos acordemos. Supongo que llegará a la 1 de la tarde. Pepa, ¿Has visto la bolsa nueva de Berta? Es preciosa.
- ¿Y cómo no? Es Michael Kors de esta temporada… mínimo habrá pagado 12mil pesos.
- Por ese dinero… yo no la compraría en beige.
- Ni yo cariño. Bueno, pásame las facturas cuando te lleguen.
- Perfecto y tu recuerda avisar cuando llegue la prima de Cruella.
Según lo acordado dio
Pepa la voz de alarma.
- ¡Berenice ya por aquí! ¡Buenos días!
Todos
la escuchamos.
- Pepa, ¡a ver si te enteras! si me das los buenos días me desconcentras y ya no me acuerdo en qué venía pensando… ¡que mierda! ¡con lo importante que era! ¡ahora no puedo acordarme!
¿En qué vendría
pensando? Vamos a ver… tú, cómo te llames, ¡Teresa! tengo que
dictarte unos mails personales y corregirte la propuesta que estás
haciendo, que seguro estará mal hecha, como todo… porque si no lo
hago yo…
Berenice
siguió con su monólogo en voz alta y entró en el despacho de
Berta. Esa oficina es como una pecera, tiene una ventana que da a la
calle y otros tres cristales que intentan hacer de paredes y sólo
dan una falsa idea de privacidad. La Michael
Kors estaba encima del escritorio,
seguramente sin ganas de presumir pero yo podía verla perfectamente.
Berenice entró al
despacho de Berta y se instaló como si fuera suyo. Sacó de su bolsa
Carolina Herrera de hace 5 años unos paquetes de sándwiches, una
cerveza y los guardó en uno de los cajones de la estantería. Berta
y ella empezaron a trabajar.
- Berenice, perdóname, tengo que contestar mi celular. Es una prima que quedó de hablarme porque tiene un negocio súper importante que quiere…
- Vale, vale, vale Berta, si tienes que salir a hablar pues sal, ¡pero cállate ya!
- Sí, sí, sí… perdóname pero vuelvo ahora.
Eran
casi las dos de la tarde cuando Berta salió. Berenice sacó los
sándwiches y la cerveza y como pelón de hospicio empezó a
engullirlos como si no hubiera mañana. Mordida, trago, mordida,
trago, mordida, mordida… y la cerveza en el escritorio… ¡la
Michael Kors! ¡la Michael Kors! ¡era beige! ¡la estaba bañando de
cerveza!
Berenice se zampó casi
de una mordida el último sándwich mientras limpiaba con hojas de
doble uso la cerveza del escritorio y con las servilletas de su
comida medio embadurnadas de mayonesa empezó a intentar limpiar la
bolsa de Berta.
Tiró
a la basura las herramientas del crimen y fingió que escribía en la
computadora.
- Berenice perdona la espera, pero era un tema súper importante, siento muchísimo haber tardado tanto con mi prima porque quería que la asesorara para hacer una transacción y como es en yenes…
- Vale, vale, me da igual
Berta
miró su bolsa y notó que había algo raro, la levantó con cuidado
con cara de espanto. Berenice empezó a moverse nerviosa en la silla.
- ¿Berenice? ¿no se derramó nada sobre mi escritorio? ¿verdad? Es que mi bolsa es nueva… y …
- ¡Berta cariño! ¡una cosa insignificante!, unas gotitas… de nada… se me cayó un poquito de, de, de… ¡de agua! Pero no fue nada, unas gotas. ¿No importa, verdad cariño?
Berta
incrédula salió a limpiar su bolso. Berenice decidió huir de la
escena del crimen. Agarró todas sus cosas, las metió en su bolsa,
fingió una llamada de una supuesta felicitación por su cumpleaños
y salió corriendo.
Ordenadas
en fila, como en la escuela se sientan atrás de mí Rocío y Teresa.
Nos giramos hacía el lugar de Rocío para hablar… todas lo
habíamos visto.
Vimos
que no hubiera pájaros en el alambre. Teresa se levantó y fue con
ella.
- Berta, fue cerveza…
- ¿Qué? ¡No Teresa! ¿Cómo crees? (Sonreía con la cara de barbera que siempre pone cuando le hablan de la jefa, fundadora, directora… mano derecha de Dios). Dijo Berenice que había sido unas gotitas de agua.
- Berta, fue media lata de cerveza lo que le cayó a tu bolsa y quizás un poco de mayonesa.
- ¡No creo! Berenice no haría eso, dijo que era agua, no habrás visto bien. Pero no consigo que se le quite.
- Bueno Berta, como quieras… cree lo que prefieras.
¡Ring!
¿Leticia?
- No.
- Da igual, cómo te llames
- Lucía.
- Sí, sí, Lucia… si Berta pregunta algo quería avisarte que se me cayó un poquito de agua en el escritorio.
- ¡Pero Berenice no es cierto!
- ¡¡Da igual!! ¡¡da igual!! Tú no te habrás fijado bien lo que estaba tomando, además ¿qué hacías tú distrayéndote en vez de estar trabajando?
- ¡Berenice! Pero estás mintiendo.
- ¡Que no, que no, que no! Y si digo agua es que fue agua y punto.
Berta
prefirió creer a Berenice pero la Michael Kors con olor a cerveza no
volvió nunca más a la oficina.
No hay comentarios:
Publicar un comentario