Por Juan Pablo Moreno Castillo.
Ser americanista y vivir en Guadalajara era todo un reto.
Día tras día, semana tras semana, mes con mes era pan de cada día
defender los colores de la camiseta con gritos, estadísticas,
historia, comparaciones, recordar los marcadores de los clásicos
anteriores, asistir al estadio cuando venían, ponerte la playera
para la cascaritas. Oh sí! Aquellos eran buenos tiempos en verdad,
uno tenía que salir a dar la cara y hacerse la idea de que saldría
a dar batalla en el mundo. Cuando abrías la puerta con la playera
puesta te sentías un soldado de los trescientos esos que combatieron
contra un buen y ganaron, sabías con certeza que queda persona que
le iba al América estaría contigo y cada uno de los que vivía en
Guadalajara daría la misma batalla encarnizada por defender al amor
de sus amores…
Y después de terminada la batalla y tanta discusión sin ton ni
son, llegaban las apuestas que, cuando ganaba el águila era mucho el
regocijo y poco el cobro pero cuando perdías mas valía pagar en
plazos cortos para no gastarse la quincena.
Hoy ya no es así. Guadalajara ha cambiado. De unos años para acá
ya no es lo mismo… Descendió tecos y nos toca dos partidos menos
al año, el atlas vuelve a ser el de siempre y sólo alborota a sus
aficionados cuando empatan o ganan “a lo atlas” y nuestro más
viejo y acérrimo rival las chivas… Hoy no dan ni de que hablar. Ya
no hay apuestas, los amigos han perdido el sentido de juntarse a ver
el clásico, no se paga por SKY el PPE y se pierde una carne asada
semestral. Hoy se han acabo los argumentos, hoy ya no es reto ser
cordero y estar en la boca del lobo.
Hoy en día esto es vivir en Guadalajara.
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