Por Fernando Guzmán de Anda
Fotografías de Fátima Guzmán de Anda
I
1.
Le diagnostique.
Febrero
11
¿A
quién se le ocurre que escribir un diario puede servir a la
memoria?, ¡ psicóloga loca!, además, escribir un diario es de
nenas que sueñan con besar un sapo y convertirse en princesas. Hice
lo que pude por resistirme, pero ya conocen a mi mamá, ¿así son
todas las madres?
Total
que ahora tengo que escribir este diario, la cosa es que según ellos
tengo algo mal en la cabeza y que eso es lo que hace que se me
olviden las cosas, en realidad sólo tengo mala memoria, ¿pero quién
le hace caso a un niño de 12 años?, a tragar pastillas y a escribir
pa ver si sirve de algo.
Cuando
papá se enteró de lo que dijo la doctora se encabronó. Según
ellos pueden discutir sin que me de cuenta, pero se ve luego luego:
mamá pone su cara de pujiditos y le echa a papá esa mirada de “te
va a cargar el payaso”, total que se salieron al jardín y quesque
platicaron de mi como “gente civilizada”.
Mi
padre cree que no tengo nada, que es normal, que no hay pedo conmigo,
yo estoy de acuerdo: mi mamá se pasa y me sobre-protege, se
“sugestiona” por lo que le pasó a su hermano. No les he contado,
pero mi mamá tenía un hermano, nunca hablan de él, es como el tema
del que todos mis tíos tienen un acuerdo de no hablar, la cosa es
que, se volvió loco, según esto tenía Alzheimer, no se acordaba ni
de su nombre, el compa se volvió estaño y distante de todos hasta
que un día salió de la casa de mis abuelos y nunca volvió.
Total
que como siempre ganó mi madre y ahora tengo mis tres pastillas al
día y este ridículo cuaderno de rayas que debo cargar a todos
lados. La idea es ir escribiendo lo que pasa en mis días y ver si
esto hace que me acuerde de más cosas después, así que voy
platicándoles algo de mi: tengo 12 años y recién entré a la
secundaria, le voy a las chivas y me gusta el fútbol. Tengo 2
hermanos mayores y vivo con mis padres, aunque a veces quisiera salir
corriendo.
Total
que recién nos cambiamos de casa, mi papá la construyó, el es
ingeniero, yo lo estuve acompañando casi todo el año que
construimos, ¡la casa quedo bien chingona!, un cuarto para cada
quién y un jardín grande, muy a gusto para jugar fútbol.
Tenemos
ya desde navidad viviendo acá, en Bugambilias, está freddy la
colonia y lo chido es que acá si nos dejan salir a la calle. Yo
cuando puedo me le pego al Mauricio (mi carnal) pa salir al cotorreo,
aunque el vato si es medio mamila y se pone sus moños, se cree la
gran cosa porque ya tiene 18 y dizque sabe manejar, se cree el tipo
de Fast and Furios XI.
Algo
que no está chido es que mi mamá nos hace ir al catecismo los
martes en la tarde. En nuestra otra casa no íbamos, pero como acá
creció mi jefa, y ella daba catecismo, se le antojó volver a dar y
nos vino a afectar a nosotros. Total que cada semana hay que ir hora
y media. No se crean que no me gusta ir a misa y las cosas de Dios,
pero la neta prefiero quedarme en la casa que escuchar historias
sobre Moisés y otros compas con vestido.
Lo
pro es que como mi mamá de ahí se va al café con otras señoras,
puedo regresar solo caminando a la casa (mis hermanos van al grupo de
jóvenes que es otro día, no recuerdo cuando). Esta chido, me gusta
variarle al camino y conocer la colonia, y como no hay nadie en la
casa, puedo tardarme un buen rato en regresar.
Mayo
16
Hace
unas semanas conocía a Alex, va también al catecismo y es de mi
edad, es a toda madre y nos hemos hecho buenos amigos, le gusta
también el fútbol y es un chingón en los juegos de Play: es el
único en su casa y sus papás le compran un montón de juegos. Vive
a un par de cuadras y cada que puedo voy a su casa a cotorrear y a
pasar la tarde.
Total
que Alex tiene un buen rato viviendo en Buga, así que se conoce
todos los lugares pros que hay por acá, es la onda cotorrear con él.
Me contó la historia más increíble que he escuchado, cerca del
templo hay un parque, más bien es un terreno con pasto, con algunos
arboles, total que en uno de esos árboles, según Alex, vive un
vagabundo loco.
El
compa es un viejo que literalmente vive en el árbol, tiene sus cosas
colgadas y amarradas, le dicen el Tarzán de Bugambilias, quesque
porque se parece al entrenador de las chivas cuando era jugador, con
su pelo largo, sólo que el loco tiene una barba larga y canosa.
Total
que me quedé clavado con la historia y después del catecismo me
cruce al parque, todos los días paso por ahí, pero nunca había
mirado bien el lugar. El árbol es gigante, no soy bueno para las
matemáticas, pero es como tres porterías de alto y sus ramas
cubrirían toda el área grande del Templo Sagrado.
La
neta está de película el árbol y lo más impactante es que si te
fijas bien, descubres las cosas del Tarzán colgando de distintas
ramas. Lo primero que vi fue una hamaca blanca colgada muy en lo
alto, seguro ahí se getea el loco, yo no podría dormir colgado tan
alto, un pequeño giro y terminas madreado en el piso.
Lo
siguiente que me llamó la atención fue una caja de madera cubierta
con plástico, un reloj de pulsera mohoso con correas de piel, y unos
tenis grises muy jodidos que también estaban colgados. El árbol
estaba lleno de cosas por todos lados, seguro Tarzán tenia ya un
buen rato viviendo ahí.
Alex
no me había acompañado, al parecer sus papás le tenían miedo al
loco y le prohibían acercarse, sacó la nena que todos tenemos
dentro y se pandeó del plan. Total que estaba solo investigando el
árbol, la neta estaba algo nervioso, pero muy emocionado, me sentía
como un aventurero explorando en búsqueda de una civilización de
salvajes caníbales.
Del
otro lado del árbol colgaban una correa de perro, una cuerda suelta
y una mochila verde que parecía solo una bolsa gigante, de esas que
usan los soldados en las películas antiguas. Seguro ahí guarda
Tarzán sus cosas, ¿qué es lo que tendrá ahí dentro?, tal vez
algo de ropa, un cuchillo o alguna arma, o joyas y cosas robadas,
seguro si es tan bueno escalando podría dedicarse a meterse a casas
y birlar dinero o cosas caras de la raza.
Total
que estaba parado ahí como un idiota mirando el árbol con los ojos
abiertos, mentalmente trazaba una ruta para escalarlo y llegar hasta
la mochila verde o la caja de madera, la idea de que guardaba lo que
viene siendo un tesoro ganaba votos en mi ¿quién se esforzaría
tanto para guardar unos cuantos calzones sucios?
¡Nombre!
Estaba en eso cuando escuche una guitarra, me saque de pedo, y voltee
pá todos lados buscando al vato de la guitarra. El sonido venia del
otro lado del árbol, medio asquilineado camine dando la vuelta al
árbol, alejándome un poco hasta que vi por primera vez al loco.
Estaba
vetarro, (creo que tienen unos 40 o 50 años), flaco y con el pelo
largo, de un color café y canoso. Neta el compa está sucio lo que
le sigue, la barba también tenia canas y le llegaba al pecho, una
especie de santa clos homeless pues. Por ropa traía sólo una
camisa gris con algunos hoyos, que tal vez en algún momento tuvo
algún estampado de letras, y los pantalones más rotos que he visto.
(ni siquiera en las fotos de joven de mi papá, cuando estaba de moda
andar todo andrajoso, o eso dice pa justificar sus fachas, jajajaja).
No
traía zapatos, ¡muy chido!, yo podría vivir así, me encanta estar
descalzo y sentir el frío del piso o jugar con el pasto, uno no
necesita zapatos cuando vive en un parque y puede dedicarse todo el
día a hacer absolutamente lo que le venga en gana, ¡eso es vida!,
¿Tarzán aceptará discípulos?
El
compa estaba sentado sobre una rama grande y baja del árbol, en sus
manos traía una guitarra negra, de esas que son de pura madera y no
se conectan a la luz, sus pies descalzos se columpiaban mientras
tocaba acá con toda la inspiración.
Neta
no cantaba muy afinado que digamos, pero le ponía buen sentimiento,
como si estuviera en un concierto o cantándole a la chava que le
gusta. La rola no la conocía, supongo que es como del siglo pasado,
de esas tranquilitas que le gustan a mi mamá, aunque la letra si me
pareció chida. Hablaba de un chavo que se reencuentra con la niña
que le gusta después de que me lo mandan a volar, y el compa sigue
enamorado, el coro va algo así “¿Cómo te va amor? ¿Cómo te
va?, Cursi pero chida.
Justo
estaba terminando la canción cuando de repente el Loco se dio cuenta
que estaba ahí y levantó su cabeza para verme. Sus ojos eran
pequeños y casi no se veían por todo el pelambre que trae, pero
sentí como se me paraba el corazón. El compa se me quedó mirando,
como juzgándome o viendo que onda conmigo. ¡Ni maíz! Yo ya he
visto muchas películas de asesinos locos, así que me di la vuelta y
salí corriendo hacia la iglesia, ¿qué tal si en la mochila militar
guarda los huesos de los niños que se apaña?
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II
Julio 1
El parque se ha vuelto mi santuario. Paso
acá el mayor tiempo que puedo, es mi lugar favorito, se preguntaran
por qué, lo que más me late es que parece como que hay un campo de
fuerza invisible que rodea el parque y tiene por centro el árbol. La
raza lo evita a toda costa, rodeándolo aunque tengan que caminar
más, ¡bola de nenas!
Creo que es porque le tienen miedo al
loco, y la neta tienen algo de razón, el vato sí impacta, todo
sucio y flaco, y la mirada como de muerto que tiene. Recuerdo que la
primera vez que me vio salí corriendo como niña. Total que el compa
tiene el estilacho de un ladrón callejero de película, y con eso de
que se la pasa sobre el árbol uno tiene que estarse cuidando por
todos lados. Esta vetarro, pero es muy ágil y rápido, en unos
segundos puede cruzar todo el árbol de rama en rama y saltar como
ninja para aterrizar en el pasto sin hacer ruido, ¡súper pro!
Cuando pasaba alguna persona Tarzán
luego, luego se daba cuenta (como un león huele a su presa a la
distancia) y en chinguiza se movilizaba para poder verlo, le clavaba
en la frente su mirada de zombie como evaluando si su carne es
suficientemente sabrosa como para iniciar la masacre. ¡Esa mirada
está cañona!, ahí uno entiende a los animales del discovery
channel, total que así cualquier persona en su sano juicio evitaría
pasar por ese parque.
Lo bueno es que yo soy fanático de las
películas de zombies, monstruos y bestias salvajes, así que no me
asusto fácilmente. Total que un día, después de catecismo, me
lancé al parque, la neta si tenía miedo, pero todos los héroes
tienen miedo, la cosa es no sacatearle. Con cuidado, me detuve lejos
del árbol para buscar al Loco a lo lejos y evitar que me
sorprendiera por la espalda, yo no iba a morir como el típico
pelmazo de las películas de terror.
Tarzán estaba en la misma posición en
la que lo había conocido, sentado en una rama con la guitarra negra
entre brazos, al llegar no estaba tocando, me di cuenta que apenas
iba a empezar, las notas fueron las mismas, la canción ¿Cómo te va
mi amor? (googolie la letra para descubrir el nombre). Tarzán estaba
de espaldas a mi, así que me senté recargándome al tronco de un
pequeño árbol.
Asustado y todo, pero disfruté la rola,
el ritmo es tranquilo, pero la letra está poderosa, además el vato
la cantaba con mucho corazón. Parecía que la canción estaba por
terminar cuando Tarzán levantó la cabeza estirando el cuello,
¡madres! (pensé) ¡ya me olió este vato!, en friega me puse de pie
listo para correr por mi vida.
Cuando volteo la cabeza hacia mi estuve a
punto de correr a lo loco, pero su mirada fue diferente, duró unos
pocos segundos, me lanzó sus ojos y me di cuenta de que me
reconoció, en unos segundos volvió su cabeza hacia su guitarra y
siguió tocando, yo no era la víctima que él estaba esperando.
Poco a poco me di cuenta de algo, a
Tarzán no le interesaba, de hecho parecía que después de que me
miró por primera vez, me volví invisible para él, como si no fuera
ni de su interés, ni una amenaza para sus dominios. Con los días
fui tomando confianza, literalmente Tarzán sólo me pelaba los dos
segundos que necesitaba para verificar que era yo, entonces volvía a
su ritual diario. Era como si no existiera.
Así es, este vato parece una maquinita,
tiene un ritual que replica cada día. Empieza por bajar su guitarra,
la cual guarda en un estuche negro colgado de una de las ramas más
altas del árbol, con delicadeza saca la guitarra dejando el estuche
colgado.
Tenía una rama especialmente
seleccionada para tocar, ya les he platicado de ella, es una rama
baja y gruesa, ahí se sienta este compa y empieza su concierto
diario. Toca siempre tres canciones antiguas, me tarde un rato en
averiguar el nombre de las rolas, pero todo puede encontrarse en
internet. Las rolas son: ¿Cómo te va mi amor?, Cucurrucucu Paloma y
No tengo más patria que tu corazón.
A pesar de lo viejas, y de que sólo las
toca con la guitarra, están cotorras, mi favorita es la última: No
tengo más patria que tu corazón, es de un vato que está mega
enamorado. No soy fan de ese tipo de canciones cursis (estoy harto de
escuchar a mi hermana todo el tiempo cantando estúpidas canciones),
pero me gusta mucho como suena la guitarra, creo que algún día me
voy a meter a clases para rockear con todo.
Total que al terminar mi rola favorita,
sube de nuevo hasta arriba para guardar la guitarra, y de ahí va a
donde está una caja de madera cubierta con pedazos de bolsa negra
como de las que usan para guardar la basura, de ahí toma un libro
gordo y viejo, siguiendo su paso por entre las ramas llega al punto
más alto en el qué lo he visto escalar.
Trepado hasta allá arriba se para en un
pequeño pedazo de rama rota con la espalda apoyada en el tronco del
árbol, supongo que desde allá debe haber una vista mega pro de todo
Bugambilias. Total que abre el libro y empieza a leer en voz alta.
Tarde unos días en darme cuenta de que
no leía con ningún orden, simplemente abría el libro al azar y se
ponía a leer. Tarzán es bueno leyendo, le pone mucha emoción (como
con la guitarra), con decirles que lograba mantener por un rato la
atención en lo que leía.
El tiempo que leía no era igual cada
día, duraba lo que le diera la gana, a veces muchísimo tiempo y
otras sólo un par de palabras. ¿qué bizarro no?, bueno, supongo
que es normal que un vagabundo que vive en un árbol haga cosas
extrañas.
Cuando dejaba el libro tomaba uno o
varios cuadernos viejos que también estaban en la caja, y se
acostaba en su hamaca, leyendo en silencio. Total que no sé cual es
su siguiente actividad, supongo que getearse, nunca me he quedado en
el parque el suficiente tiempo para averiguarlo. Estaría chido hacer
una misión especial en la noche para espiarlo, solo que tendría que
encontrar una forma de salir de la casa por la noche, mamá siempre
deja la puerta cerrada con llave y la ventana de mi cuarto da al
jardín y no a la calle (además que debo de aceptar que no soy tan
fregón para escalar como Tarzán).
4. La
fille aux yeux marrons.
Octubre 1
¡Estoy enamorado!, ¡perdidamente
enamorado!, es como si viviera a gran velocidad, todo a mi alrededor
va a la madre de rápido, y yo me muevo leeeeento, como en cámara
lenta, cuando respiro siento algo en el estómago. ¿qué pedo con
esto?, jajaja, estoy feliz.
La neta es que esto del amor siempre se
me ha hecho una estupidez, ¿quién quiere pasar el recreo tomado de
la mano y platicando tonterías cuando puedes jugar fútbol o hacer
alguna daga?, hay algunos en la escuela que tienen novia, y siempre
se me han hecho medio torolos.
Obvio si quiero alguna vez tener una
novia, casarme y una casa con un perro pro y una moto poderosa, pero
hay otras cosa más importantes hoy: el fucho, cotorrear con los
compas, pasar aventuras, total, vivir al 100%.
¿Se acuerdan de mi amigo el Alex?, total
que fue su cumpleaños y organizó una fiesta en su casa, está muy
chida. Yo estaba emocionado por ir, iba a ser algo en grande, muchos
compas, vaya un buen cotorreo. No tenía ni idea de que ese día me
iba a cambiar para siempre, que ahí la iba a conocer.
Alex tampoco tenía idea de quien era,
resulta ser que sus mamás son amigas y que como se acaban de cambiar
a Bugambilias, mi tía las invitó para que fueran “haciendo
amigos”. Algún día le tengo que agradecer a mi tía la idea.
Yo estaba jugando al Play (ganando como
siempre) con unos amigos, cuando la vi. Entró a la sala y se sentó
en el sillón, traía uno de esos vasos desechables rojos con algo de
refresco, ¡valió madres!, es la niña más guapa que he visto en mi
vida, de repente todo lo demás era estúpido e irrelevante lo único
que quería era verla.
Lo que más me gusta de ella son sus
ojos, son color café como los de casi toda la raza, pero son únicos,
grandes y muy vivos, ¡son la onda!, como que sonríe con ellos, lo
único que quería yo era que esos ojos me vieran. Su piel es blanca
y sus labios rosas y delgados, es alta y flaca, y tiene el pelo color
café claro y largo, como a media espaldas, lo traía suelto, es la
mujer más guapa del planeta.
Literalmente no pude dejar de verla (me
metieron una paliza en el fifa), me puse a platicar con un compañero
de la escuela que estaba también en la sala, no sé que tantas
tonterías decía sobre un nuevo juego que había comprado, yo sólo
lo cotorreaba porque así podía estar en el ángulo perfecto para
verla sobre el hombro de mi compa, ¡su sonrisa es mágica!
Total que me ganó la cobardía y no pude
hablar con ella, me pasé toda la tarde mirándola de lejos, tiene en
mi un efecto increíble: una sensación extraña en todo mi cuerpo,
un vació en el estómago y una lentitud no sólo de mis extremidades
que se mueven lenta y tontamente, sino de todo en mi, como si de
repente un virus extraterrestre se apoderada de mi y me convirtiera
en un pelmazo. Pero al mismo tiempo mi mente funciona al máximo,
cientos de ideas y pensamientos cruzan por mi mente a gran velocidad,
¿quién es?, ¿de dónde vino?, ¿tiene novio?, ¿cómo platicar con
ella?, mi cerebro crea futuros inciertos en donde somos protagonistas
de una vida juntos, estoy enamorado.
¡Maldita noche! llegó demasiado pronto,
aunque cualquier momento sería demasiado pronto, la neta quería
quedarme ahí por siempre, o por lo menos hasta encontrar la forma de
saludarla. Se fue con su madre; inmediatamente busque a Alex por
todos lados, hace una hora tenía que estar en casa, pero ¡ni
madres!, tenía que saber su nombre: Andrea.
Octubre 13
Les escribo desde el Parque, ya les había
dicho que es mi lugar favorito, pero algo aquí a cambiado, este
parque es mi santuario: es el lugar en el que pienso en ella.
¡Mendiga Andrea! Se me ha metido entre ceja y ceja, ¿qué le hace
uno? Total que en cuanto termino mi tarea me vengo para acá, aquí
nadie me ajera si me quedo como pendejo viendo hacia la nada, me
gusta intentar recordar y construir con mi mente mis recuerdos de
Ella.
El Tarzán se ha vuelto mi compa, bueno,
tal vez para ser mi compa tendría que darse cuenta de que existo,
jajaja, es más como mi compañero, él en sus pensamientos y yo en
los mios. De vez en cuando me echa alguna mirada corta y ¡yap!. Yo
le he perdido el miedo, es tranquilo el vato, ya hasta me subo yo
también al árbol, escogí una rama de las más largas y bajas.
No es tan cómodo como sentarme o
acostarme en el pasto, pero es especial, ya el Loco no me parece tan
loco, esta chido sentarme acá y escuchar el concierto y la lectura,
o simplemente perder el tiempo pensando, viendo el movimiento de las
hojas con el viento o cualquier otra tontería.
Total que “No tengo más patria que tu
corazón” es mi rola favorita, desde el inicio fue la que más me
gustó (las otras dos son medio emo), pero ahora, con Andrea, es como
si fuera mi canción. Nunca he sido de esos vatos que cantan y la
madre (eso es para nenas) pero cada día, al escuchar la guitarra del
Loco, le canto a Andrea, sé que no me escucha, pero es como si
estuviera de nuevo en la casa de Alex y pudiera confesarle esto que
me trae apendejado y pudiera mirarla a los ojos sin decoro.
Descubrí cual es el libro que lee
después de las canciones, se llama “los Miserables”, se trata de
un chavo que se llama Mario y que es un revolucionario súper pro,
pero no en México (primero pensé que era como un pancho villa, pero
luego me di cuenta) sino en Francia, (un país lejano). Total que
este Mario junto con sus compas quieren fregarse al gobierno porque
este no hace nada.
Al principio es pura habladuría pero
poco a poco va tomando forma el plan hasta que consiguen unas
metralletas y otras armas y hacen unas barricadas (creo que son como
fortalezas hechas con basura, coches quemados y eso, como las que
salen en las noticias), y se rebelan contra el gobierno.
Total que este compa es valiente, pero
además esta enamorado de una chava. Le pasó igual que a mi, estaba
por ahí alborotando a gente para la revolución (yo no hacia eso,
pero en algo se parece a acribillar a mis compas en el FiFa) cuando
se cruzo con una niña guapetona por las calles de la ciudad y quedó
perdidamente enamorado.
Voy a buscar el libro para leerlo, mis
abuelos tienen en su casa una gran biblioteca, seguro está ahí, no
esta tan fácil seguirle la trama al libro con la lectura del Tarzán,
cada día empieza en un lugar diferente, cuando veo que esta leyendo
alguna parte aburrida, dejó de ponerle atención, y me bajo del
árbol y camino o un poco, o me recuesto en el pasto para ver las
nubes o simplemente getearme.
Los cuadernos que lee la verdad no se de
que sean, como ya se habrán dado cuenta, es medio extraño este
cuate, pero me cae bien, últimamente me pregunto ¿qué fue lo que
lo trajo hasta acá?, supongo que en algún momento de su vida fue
una persona normal, y alguna serie de eventos lo llevaron creer que
lo mejor que podía hacer era vivir en un árbol. ¿Qué tendría que
pasarme a mi para que me convierta en un vagabundo?, jajajaja, la
verdad debo confesar que se me antoja, dormir en la hamaca, a la hora
que quieras y que nadie te diga que hacer, ¡una delicia!
Total que paso todo el tiempo que puedo
acá, en estos días he intentado obtener la mayor información
posible sobre Andrea, en definitiva ella va a ser mi novia. La cosa
es encontrar una forma cheveré de entrar en su vida. (no puedo
simplemente tocar en su puerta y preguntar: ¿puedo hablar con
Andrea?, quiero decirle que tiene una hermosa sonrisa).
Alex no es tan buena fuente de
información, no tiene la más remota idea y también apenas acaba de
conocerla. Pero a través de su mamá he obtenido algunos datos, es
de aquí de Guadalajara, es la mayor de su casa, y ya. Jajaja, ¿buena
información manejo verdad?
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III
Noviembre 11
Hoy llegué temprano al Santuario, el
catecismo se canceló, no tengo ni idea de por qué, pero en esos
casos no conviene preguntar sino salir de ahí antes de que pase
cualquier cosa. Total que mi mamá si tenía que darle clases a su
grupo (le da a los más chamacos), así que quesque me iba a la casa
pero como siempre con mi acostumbrado paseo.
El Loco estaba leyendo sus cuadernos en
silencio, cuando me escuchó me echó su mirada típica de
confirmación y regresó a lo que sea que contengan esos viejos
cuadernos. Yo trepé por el árbol hasta la hamaca y me acosté a
escribir (acá ando).
Se me hace que no les había contado,
pero ya soy súper compa del Loco, en este último mes le he perdido
el resto de miedo que le tenía, la clave fue ir calándole poco a
poco. Un buen día (la neta no recuerdo cual), me animé a acercarme
a sus cosas. Lo hice con cuidado y muy atento a donde estaba este
cuate, por si las flais yo tenía que salirme en chinga de ahí.
Lo primero que hice fue subirme a su
hamaca. Es una vieja hamaca grande, de esas que tienen dos palos para
que se mantengan estiradas. Esta de lujazo porque desde ahí puedes
ver cómodamente todo el parque, el estacionamiento del Hiperama y el
Templo.
Cuando empecé a subir, el Loco estaba
leyendo sus cuadernos (como está haciendo ahorita), y al darse
cuenta (al parecer tiene muy buen oído) me volteo a ver, dejó de
leer y se quedó estokeandome, como viendo que pedo conmigo. Tenía
que decidir que hacer en unos segundos: o echarme pá tras o calarle
haber si me comenzaba a ladrar.
Le dije: ¡hey! Ando cansadon, sólo
quiero acostarme un rato, ¿hay chance?, el Loco se quedo en silencio
mientras yo me sentaba en la hamaca, cuidando no perderlo de vista
(ya traía en mi mente muy claro porque ramas me iba a bajar en
friega si algo pasaba). Total que cuando vio que me senté, le valió
maíz y se volvió a su lectura. ¡se armó la machaca!
Desde ese día no había problema para
subirme a la hamaca, las primeras veces le avisaba, pero ya después
no tenía sentido interrumpir el silencio que hay en el parque, suena
vulgar hablar si no es para cantar o pa leer el Libro.
Fui calando los distintos lugares del
árbol, inclusive el rama rota hasta arriba donde se sube a leer los
Miserables, ¡sin pex! Aunque hay tres lugares a los que no me puedo
acercar: la guitarra, la caja de madera y la mochila militar, nomas
me acerco a alguna de ellas y Tarzán me lanza una mirada que me
recuerda a las de mi madre, ¡terrible!
Total que ya le he calado varias veces y
me trago siempre la misma mirada, ¡que mal!, le tengo muchas ganas a
chismear en sus cosas. En este mes sólo pienso en dos temas: Andrea
y el loco, como que desde que ando enamorado me cae mejor. Además
ahora ya no le tengo miedo (excepto cuando me ajera), entonces paso
menos tiempo preocupándome por cuidarme de un ataque a mordidas y
más imaginándome y preguntándome sobre su vida.
Ha pasado dos semanas y todavía no me
queda en claro que fregados fue lo que paso. Estoy agüitado, y la
neta no quiero escribir, ¡ni me atrevo a tocar el árbol!, me senté
en el pasto para contarles lo que paso y luego continuaré la
búsqueda.
Total que yo estaba en la hamaca
escribiendo un poco, cuando escuche unos pasos que se acercaban, los
ruidos venían del otro lado del árbol así que me tuve que bajar de
la hamaca y cruzar varias ramas para averiguar que pez.
¡Era ella!, ¡Andrea!, por fin la volvía
a ver, ¡es rete-guapa la descarada! Mil cosas me pasaron por la
cabeza en unos segundos, tanto que casi me caigo del árbol, ¿qué
debía hacer? Mi primera idea era bajar en friega y por fin
saludarla, no me iba a quedar torolo como en casa de Alex.
Total que estaba a nada de bajar del
árbol cuando me di cuenta de algo, ¿qué iba a pensar Andrea al
verme bajar del árbol del loco, descalzo y con mi diario en las
manos? (dejo siempre mis tenis en el piso, pá sentirme más libre),
igual y piensa que soy otro loco vagabundo, o hasta que quiero
hacerle alguna daga y salga corriendo o gritando como vieja loca.
Además la cosa estaba peor, Andrea no
estaba sola, venia con su mamá y con su perro, su perro vale maíz,
pero no quiero una mala primera impresión con mi guan-a-be suegra,
ya de por sí tiene cara de señora fresona, no creo que le parezca
que le tire la onda a su hija un chavo que, o es vagabundo o es compa
de vagabundos.
¡Ni maíz!, en esta vida hay que ser
astutos, y si quiero conquistar a la Andrea, debo ser todo un
seductor fregón. Así que decidí que me iba a quedar escondido
hasta que pasaran. Eso sí, en cuando estuvieran lejos me bajo en
friega me pongo mis tenis y las sigo. Todavía no decidía si las iba
a seguir de lejos namás para ver donde viven, o si me iba a cruzar
“accidentalmente” en su camino, igual y hasta me invitaban a
cenar o algo así.
No cruzaron el parque, en cuanto pasaron
el árbol se pararon y le quitaron la correa al perro. Es la onda
Andrea, se ve que le gustan mucho los animales, se puso a jugar a
echarle una pelota que el perro traía corriendo, yo siempre he
querido tener un perro que haga ese truco.
¿Cómo puede gustarme tanto una niña
con la que ni he hablado?, de hecho apenas la he visto dos veces,
pero uno no necesita muchas miradas pá saber que es la adecuada, me
encanta como sonríe, además, su perro me cae bien.
La mamá estaba parada a unos cuantos
metros de Andrea, como cuidándola y disfrutando del momento, está
medio vetarra pero es también guapetona, se parece a Andrea, aunque
ella es diferente, se ve que no es tan alegre, Andrea sonríe todo el
tiempo, se ríe, corre, ¡vive!, la mamá sólo cuida, igual y son
cosas de mamás, ni idea.
Total que yo también sonreía, me he de
haber visto muy idiota ahí escondido espiando y con una sonrisota
más idiota que la del inmortal chavelo en sus programas de los
domingos, era como conocerla sin conocerla, amarla con la mirada.
Ahí fue cuando me di cuenta que algo
estaba mal. Estaba concentrado en mis planeaciones amoriles y por eso
me tarde en cachar que el Loco actuaba raro. No sé si les he
contado, pero al Loco le vale la raza, cuando ve a alguien nuevo se
saca de onda y se pone muy atento a evaluar a ver si tal persona es
una amenaza, digamos que como hacen los leones cuando escuchan algún
ruido en la sabana, si escuchan algo raro se levantan y ven que pex y
si todo está bien se regresan a disfrutar de la vida.
Así le hizo conmigo la primera vez, me
echo su mirada como escaneándome y después dejo de preocuparse por
mi. Yo creo que ahora le da gusto cuando puedo venir a pasar el rato
acá.
Ese día fue diferente, no vi bien que
pasó porque estaba como en shock por ver a Andrea, pero algo pasó,
el Loco dejo de leer sus cuadernos. Normalmente cuando terminaba de
leerlos, con cuidado los recogía y subía hasta la caja a guardarlos
cuidando que las bolsas negras protegieran la caja. El compa era tan
cuidadoso de sus cosas que le caería bien a mi mamá.
Total que ese día fue diferente, yo me
di cuenta que estaba trepando rápidamente, como apresurado, lo raro
era que no traía sus cuadernos, los busqué en su rama de lectura,
estaban tirados, jamás había visto uno de sus tesoros tocar el
pasto.
La neta si me saqué de onda y perdí la
emoción de ver a Andrea, me sentía como ajerado, si algo molestaba
al Loco era como si me ajeraran a mí, traía encendido mi sentido de
alarma. El pedo es que no sabía que, nunca había visto al Loco
fuera de control, (de hecho es raro que lo llamen Loco, a mi me
parece que siempre está tranquilo).
Tarzán siguió trepando hasta llegar al
estuche, no era normal, el siempre había sido muy cuidadoso, hasta
yo diría religioso, sacar la guitarra del estuche negro era todo un
rito que hacia lento y con cuidado, me recordaba el cariño y
cuidado que mis tías tenían con mis primos bebes. Ese día no fue
así, sacó la guitarra lo más rápido que pudo, sin importarle nada
más.
Volvió a violar su ritual al no regresar
a la rama en la que acostumbraba tocar la guitarra y leer sus
cuadernos, no tengo ni idea de por qué, pero siguió subiendo por el
árbol hasta la rama superior, la que esta rota y esta casi en lo más
alto del tronco, ahí donde se pone a leer en voz alta Los
Miserables.
Recargado sobre el tronco de su refugio
abrazó con sus manos la guitarra y comenzó a tocar la canción con
la que iniciaba todas las tardes su concierto: ¿Cómo te va mi
amor?, era evidente que no estaba bien, su voz y su música eran
diferentes, pensé que tal vez era sólo porque yo estaba nervioso o
porque él estaba tocando la guitarra a treinta metros de altura, me
equivoqué.
Total que yo sabía que el Loco maneja
muy bien lo que viene siendo el equilibrio, y no había peligro
alguno de que se cayera. Así que dejé al Loco con su guitarra y
volví la mirada hacía mi amada. Los juegos con el perro se habían
interrumpido y estaba parada buscando con la mirada en el árbol. Me
asuste, ¿me habrá visto?, entendí que no me buscaba a mí, sino a
la música, su mirada iba hacia lo alto y sus ojos estaban clavados
en el Loco.
La Mamá también buscaba a través del
árbol pero tardó más en encontrar al Loco, cuando lo vio se
asustó, no es normal ver a un vagabundo dando un concierto en la
copa de un árbol; caminó rápidamente hasta Andrea sin quitar los
ojos del Tarzán, estaba algo lejos, así que se tardó en llegar.
Algo pasó en ella, porque conforme se acercaba a su hija bajó la
velocidad a tal grado que se detuvo a su lado sin tocarla, con la
boca abierta, las manos caídas a sus costados y la mirada
profundamente clavada en el Loco.
Así se quedó congelada hasta que el
loco empezó su segunda canción “Cucurrucucu Paloma”, una
sonrisa apareció en su rostro, fue la primera vez que la vi sonreír,
así se parece más a Andrea, sin duda heredó de ella su mágica
sonrisa.
La madre se hincó al lado de su hija,
que escuchaba la rola con atención mientras acariciaba a su perro
que, con la pelota en la boca, insistía en llamar su atención para
que se la lanzara. Le acariciaba su cabello, peinándoselo con sus
dedos, de pronto la atrajo a si con sus brazos abrazándola
tiernamente, le dio un beso en el cachete y comenzó a platicarle
algo, por más que me esforcé no pude escuchar desde dónde estaba,
¿qué le diría?, el resultado fue una gran sonrisa en Andrea quien,
mirando a los ojos a su madre, le hizo una pregunta.
Se veía que la conversación estaba
buenaza cuando de repente empezó mi canción: “No tengo más
patria que tu corazón”. Sentí un profundo vacío en el estómago,
ahí estaba Andrea y el loco tocaba la canción, ¿cuantas veces
había cantado esa rola pensando en ella, imaginando que estaba
frente a mi y que era yo causa de sus sonrisas. Esta era mi
oportunidad, ella no sabía que estaba ahí, pero yo le cantaría la
canción: la primera serenata.
Estaba nervioso y apenas podía abrir los
labios, no salía sonido de mi boca, pero ellos se movían al ritmo
de la letra, al ritmo de mi corazón. Con ella ahí cada palabra
tenía más sentido, ¡estoy pendejamente enamorado!
¡Maldita lluvia!, yo siempre he sido fan
de ella, pero en un minuto me dieron ganas de escupir sobre cada gota
de agua del océano. Así pasa en Guadalajara, cuando llueve
¡llueve!, la tormenta se desató de golpe y Andrea se asustó, se
puso de pie mientras su madre le ponía la correa al perro y en unos
segundos estaban corriendo hacia la avenida, tomaron hacia arriba. Yo
no me había movido un centímetro, nuestra canción todavía no
acababa.
Mi corazón se entristeció profundamente
por la serenata interrumpida, ¡maldita!, ¡maldita lluvia!,
¡estúpido ciclo del agua!, dejé de cantar y comencé a descender
para seguir a Andrea y descubrir cual era su casa.
Al tocar el piso me di cuenta que la
música seguía sonando, volteé al cielo y el Loco estaba ahí,
bañado en agua, pero firme sobre la rama, con los ojos hacia el
último lugar por donde había cruzado Andrea, tocando y cantando
con ese sentimiento tormentoso que parecía poseerlo.
No dí un paso más para seguir a Andrea,
¡ni madres que abandono mi primera serenata!, con los brazos
estirados a los lados para sentir la lluvia, volví a cantar, pero no
ya con la timidez del amante escondido, sino con la locura de mi amor
apasionado.
Canté sin miedo con el corazón, la neta
sin talento pero poniendo en cada palabra las largas horas que he
pasado pensando en ella, ¡No tengo más patria que tu corazón!, ¡si
todo se cae me queda tu amor!, ¡me queda tu nombre que grito a todo
pulmón!
Terminé la canción con algunas lágrimas
en los ojos, empapado y temblando, no sé si por el frío o por el
volcán de emociones que se apoderaban de mi. ¡este es el día!, hoy
Andrea conocerá al amor de su vida, salí corriendo.
No tengo ni idea de porque, pero algo me
detuvo en la esquina del parque, como una extraña sensación de que
algo más iba a pasar, que no debía irme ni abandonar el santuario,
¡Qué pedo conmigo!, llevas dos meses buscándola, pensando en ella
¿y hoy que la tienes aquí te quedas congelado?, ¡Cobarde!,
¡Maldito cobarde! Golpeé impotentemente mis piernas con mis puños
y caí hincado en medio de la lluvia, ¿por qué no puedo
continuar?, ¿qué es lo que me detiene?
No tardé en darme cuenta, no era
cobardía ni miedo. A fin de cuentas mi historia con Andrea apenas
comienza, Dios no puede ser tan injusto como para no darme otra
oportunidad de presentarme, de conocerla y conquistarla. ¡a huevo!,
aunque tenga que confesarle mi amor a la mamá del Alex voy a
conseguir su teléfono o su facebook, no es esa la razón.
¡Tarzán!, es lo que me detiene. No
había sido un día normal para mi amigo, en todo el tiempo que tengo
de conocerlo nunca había modificado su ritual, ¿quién sabe cuantos
años tenía haciendo lo mismo todos los días?, algo pasó, algo
cañonamente importante.
Volteé la mirada hacia el árbol, ahí
estaba él parado en la punta, con la guitarra en sus manos y la
mirada hacia donde yo estaba, hacia donde había desaparecido Andrea.
No alcanzaba a verlo, pero estoy seguro de que lloraba, que el agua
que escurría por su cuerpo estaba mezclada con lágrimas, nunca
había visto a un adulto llorar y no supe que hacer, ¿debía
acercarme a decirle algo?, ¿o tal vez respetar su dolor y quedarme a
la distancia?, ¿qué debe hacer uno con el dolor humano?
Total que me quedé ahí, mirándolo de
lejos, el tiempo pasó y la tormenta poco a poco disminuyó hasta
convertirse en una pequeña llovizna, él seguía llorando en lo más
alto del árbol. La guitarra la tenía en la posición en la que
tocaba, de repente, tomándola con sus manos la puso frente a su ojos
contemplándola.
¡La dejo caer!, el vato dejó caer su
guitarra desde allá arriba, ¿qué pedo?, después de rebotar con
varias ramas, se estrelló en la banqueta. Instintivamente corrí
hacia la guitarra, el golpe hizo que se rompiera de la caja, no me
anime a tocarla, ¡es la guitarra de Tarzán!
Volví la mirada a la punta del árbol,
el Loco ya no estaba parado, descendía de su hogar rama por rama, lo
hacía lentamente, tardó un par de minutos en llegar al piso. Su
rostro era diferente, nunca lo había visto así, sus ojos lloraban,
no apasionadamente como antes, sino constantemente, ¡pero sonreía!,
era una sonrisa pequeña, de esas que no muestran los dientes. Tal
vez incluso pasara desapercibida en cualquier otro vato, pero no en
él.
Tengo grabada esa imagen en mi cabeza:
descalzo, con sus pantalones de mezclilla destrozados, su camisa gris
desteñida, empapado de los pies a la cabeza, su cabello castaño le
llegaba a media espalda y su barba canosa escurría.
Empezó a caminar no hacia donde yo
estaba, sino hacia abajo, hacia la salida de Bugambilias, caminaba
tranquilamente, arrastrando los pies en la corriente del agua de la
lluvia. Total que ahí me di cuenta, ¡se iba!, ¡el Loco abandona su
refugio!, la neta me agüite, ¿por qué te vas?, corrí hacia el
gritando: ¡hey! ¡aguanta!, ¡no te vayas!, ¡no te vayas!
Se detuvo y giro su cabeza, yo me paré,
esperando una explicación. Sus ojos se detuvieron en mí, no
midiéndome o ajerándome como en el pasado, su sonrisa creció, era
como una despedida, sin palabras ni hasta luegos, ahí me di cuenta
que no le valgo madres, es mi amigo.
¡no te vayas!, ¡quédate aquí, quédate
conmigo!, quiero que me enseñes a tocar la guitarra, que me prestes
tu libro de Los Miserables, ¡quédate!
Dejó de sonreír, como entendiendo el
pedo conmigo, ni una palabra, volvió su rostro hacia el frente, y
continuó su camino, yo no pude moverme y me quede ahí, viéndolo
partir paso a paso, lentamente hasta perderse de vista.
Desde entonces no lo he visto, al día
siguiente llegué nervioso al parque, ¿estaría ahí?, todo estaba
como el día anterior, la guitarra tirada y nada se veía movido.
¿qué debía hacer?, no podía subirme al árbol, era como profanar
su Santuario, como entrar a una casa sin permiso.
No podía dejarlo así, igual y se
birlaban la guitarra, así que la tome con cuidado y trepé hasta el
estuche, la guarde en su lugar, también guarde sus cuadernos mojados
y bajé en friega del árbol, no podía estar ahí. ¿qué debía
hacer?, debía buscarlo, comencé a caminar por la colonia, supuse
que podía estar en otro parque así que me puse a caminar
buscándolo.
Todos los días salgo a buscarlo, no hay
pista de el, ¿hasta dónde puede caminar un hombre?, la neta lo
extraño, no platicábamos nada, pero estábamos juntos, cada quién
en su pedo, pero juntos, mis búsquedas inician y terminan en el
parque.
No he vuelto a subir al árbol, sus cosas
son sus cosas, yo sólo me encargo de cuidarlas, tal vez algún día
vuelva, o tal vez algún día me anime a subir, incluso tal vez
revisar su mochila o sus cuadernos, igual y hay ahí alguna pista
sobre dónde está.
Cada que estoy sólo y en silencio me
acuerdo de él, de esa imagen final, la última vez que lo vi, la
lluvia era ya sólo un chispoteo, ahí lo vi sonreír y llorar por
primera vez, él no es un Loco, es sólo un ser humano, mi amigo.
Caminando se fue, con la mirada al cielo, los ojos llenos de lágrimas
y una sonrisa en los labios, caminando hacia el atardecer, hacia el
futuro, tras sentir la última caricia del verano.

ahí se acaba?
ResponderEliminarasi es caro, ese es el fin.
ResponderEliminarLike! :D
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