lunes, 23 de septiembre de 2013

La última caricia del verano





Por Fernando Guzmán de Anda

Fotografías de Fátima Guzmán de Anda

I

1. Le diagnostique.

Febrero 11




¿A quién se le ocurre que escribir un diario puede servir a la memoria?, ¡ psicóloga loca!, además, escribir un diario es de nenas que sueñan con besar un sapo y convertirse en princesas. Hice lo que pude por resistirme, pero ya conocen a mi mamá, ¿así son todas las madres?



Total que ahora tengo que escribir este diario, la cosa es que según ellos tengo algo mal en la cabeza y que eso es lo que hace que se me olviden las cosas, en realidad sólo tengo mala memoria, ¿pero quién le hace caso a un niño de 12 años?, a tragar pastillas y a escribir pa ver si sirve de algo.



Cuando papá se enteró de lo que dijo la doctora se encabronó. Según ellos pueden discutir sin que me de cuenta, pero se ve luego luego: mamá pone su cara de pujiditos y le echa a papá esa mirada de “te va a cargar el payaso”, total que se salieron al jardín y quesque platicaron de mi como “gente civilizada”.



Mi padre cree que no tengo nada, que es normal, que no hay pedo conmigo, yo estoy de acuerdo: mi mamá se pasa y me sobre-protege, se “sugestiona” por lo que le pasó a su hermano. No les he contado, pero mi mamá tenía un hermano, nunca hablan de él, es como el tema del que todos mis tíos tienen un acuerdo de no hablar, la cosa es que, se volvió loco, según esto tenía Alzheimer, no se acordaba ni de su nombre, el compa se volvió estaño y distante de todos hasta que un día salió de la casa de mis abuelos y nunca volvió.



Total que como siempre ganó mi madre y ahora tengo mis tres pastillas al día y este ridículo cuaderno de rayas que debo cargar a todos lados. La idea es ir escribiendo lo que pasa en mis días y ver si esto hace que me acuerde de más cosas después, así que voy platicándoles algo de mi: tengo 12 años y recién entré a la secundaria, le voy a las chivas y me gusta el fútbol. Tengo 2 hermanos mayores y vivo con mis padres, aunque a veces quisiera salir corriendo.



Total que recién nos cambiamos de casa, mi papá la construyó, el es ingeniero, yo lo estuve acompañando casi todo el año que construimos, ¡la casa quedo bien chingona!, un cuarto para cada quién y un jardín grande, muy a gusto para jugar fútbol.



Tenemos ya desde navidad viviendo acá, en Bugambilias, está freddy la colonia y lo chido es que acá si nos dejan salir a la calle. Yo cuando puedo me le pego al Mauricio (mi carnal) pa salir al cotorreo, aunque el vato si es medio mamila y se pone sus moños, se cree la gran cosa porque ya tiene 18 y dizque sabe manejar, se cree el tipo de Fast and Furios XI.



Algo que no está chido es que mi mamá nos hace ir al catecismo los martes en la tarde. En nuestra otra casa no íbamos, pero como acá creció mi jefa, y ella daba catecismo, se le antojó volver a dar y nos vino a afectar a nosotros. Total que cada semana hay que ir hora y media. No se crean que no me gusta ir a misa y las cosas de Dios, pero la neta prefiero quedarme en la casa que escuchar historias sobre Moisés y otros compas con vestido.



Lo pro es que como mi mamá de ahí se va al café con otras señoras, puedo regresar solo caminando a la casa (mis hermanos van al grupo de jóvenes que es otro día, no recuerdo cuando). Esta chido, me gusta variarle al camino y conocer la colonia, y como no hay nadie en la casa, puedo tardarme un buen rato en regresar.






2. Le sanctuaire du fou.

Mayo 16



Hace unas semanas conocía a Alex, va también al catecismo y es de mi edad, es a toda madre y nos hemos hecho buenos amigos, le gusta también el fútbol y es un chingón en los juegos de Play: es el único en su casa y sus papás le compran un montón de juegos. Vive a un par de cuadras y cada que puedo voy a su casa a cotorrear y a pasar la tarde.



Total que Alex tiene un buen rato viviendo en Buga, así que se conoce todos los lugares pros que hay por acá, es la onda cotorrear con él. Me contó la historia más increíble que he escuchado, cerca del templo hay un parque, más bien es un terreno con pasto, con algunos arboles, total que en uno de esos árboles, según Alex, vive un vagabundo loco.



El compa es un viejo que literalmente vive en el árbol, tiene sus cosas colgadas y amarradas, le dicen el Tarzán de Bugambilias, quesque porque se parece al entrenador de las chivas cuando era jugador, con su pelo largo, sólo que el loco tiene una barba larga y canosa.



Total que me quedé clavado con la historia y después del catecismo me cruce al parque, todos los días paso por ahí, pero nunca había mirado bien el lugar. El árbol es gigante, no soy bueno para las matemáticas, pero es como tres porterías de alto y sus ramas cubrirían toda el área grande del Templo Sagrado.



La neta está de película el árbol y lo más impactante es que si te fijas bien, descubres las cosas del Tarzán colgando de distintas ramas. Lo primero que vi fue una hamaca blanca colgada muy en lo alto, seguro ahí se getea el loco, yo no podría dormir colgado tan alto, un pequeño giro y terminas madreado en el piso.



Lo siguiente que me llamó la atención fue una caja de madera cubierta con plástico, un reloj de pulsera mohoso con correas de piel, y unos tenis grises muy jodidos que también estaban colgados. El árbol estaba lleno de cosas por todos lados, seguro Tarzán tenia ya un buen rato viviendo ahí.



Alex no me había acompañado, al parecer sus papás le tenían miedo al loco y le prohibían acercarse, sacó la nena que todos tenemos dentro y se pandeó del plan. Total que estaba solo investigando el árbol, la neta estaba algo nervioso, pero muy emocionado, me sentía como un aventurero explorando en búsqueda de una civilización de salvajes caníbales.



Del otro lado del árbol colgaban una correa de perro, una cuerda suelta y una mochila verde que parecía solo una bolsa gigante, de esas que usan los soldados en las películas antiguas. Seguro ahí guarda Tarzán sus cosas, ¿qué es lo que tendrá ahí dentro?, tal vez algo de ropa, un cuchillo o alguna arma, o joyas y cosas robadas, seguro si es tan bueno escalando podría dedicarse a meterse a casas y birlar dinero o cosas caras de la raza.



Total que estaba parado ahí como un idiota mirando el árbol con los ojos abiertos, mentalmente trazaba una ruta para escalarlo y llegar hasta la mochila verde o la caja de madera, la idea de que guardaba lo que viene siendo un tesoro ganaba votos en mi ¿quién se esforzaría tanto para guardar unos cuantos calzones sucios?



¡Nombre! Estaba en eso cuando escuche una guitarra, me saque de pedo, y voltee pá todos lados buscando al vato de la guitarra. El sonido venia del otro lado del árbol, medio asquilineado camine dando la vuelta al árbol, alejándome un poco hasta que vi por primera vez al loco.



Estaba vetarro, (creo que tienen unos 40 o 50 años), flaco y con el pelo largo, de un color café y canoso. Neta el compa está sucio lo que le sigue, la barba también tenia canas y le llegaba al pecho, una especie de santa clos homeless pues. Por ropa traía sólo una camisa gris con algunos hoyos, que tal vez en algún momento tuvo algún estampado de letras, y los pantalones más rotos que he visto. (ni siquiera en las fotos de joven de mi papá, cuando estaba de moda andar todo andrajoso, o eso dice pa justificar sus fachas, jajajaja).



No traía zapatos, ¡muy chido!, yo podría vivir así, me encanta estar descalzo y sentir el frío del piso o jugar con el pasto, uno no necesita zapatos cuando vive en un parque y puede dedicarse todo el día a hacer absolutamente lo que le venga en gana, ¡eso es vida!, ¿Tarzán aceptará discípulos?



El compa estaba sentado sobre una rama grande y baja del árbol, en sus manos traía una guitarra negra, de esas que son de pura madera y no se conectan a la luz, sus pies descalzos se columpiaban mientras tocaba acá con toda la inspiración.



Neta no cantaba muy afinado que digamos, pero le ponía buen sentimiento, como si estuviera en un concierto o cantándole a la chava que le gusta. La rola no la conocía, supongo que es como del siglo pasado, de esas tranquilitas que le gustan a mi mamá, aunque la letra si me pareció chida. Hablaba de un chavo que se reencuentra con la niña que le gusta después de que me lo mandan a volar, y el compa sigue enamorado, el coro va algo así “¿Cómo te va amor? ¿Cómo te va?, Cursi pero chida.



Justo estaba terminando la canción cuando de repente el Loco se dio cuenta que estaba ahí y levantó su cabeza para verme. Sus ojos eran pequeños y casi no se veían por todo el pelambre que trae, pero sentí como se me paraba el corazón. El compa se me quedó mirando, como juzgándome o viendo que onda conmigo. ¡Ni maíz! Yo ya he visto muchas películas de asesinos locos, así que me di la vuelta y salí corriendo hacia la iglesia, ¿qué tal si en la mochila militar guarda los huesos de los niños que se apaña?
__________________________________________________________



II


3. La beauté de Victor Hugo.
Julio 1

El parque se ha vuelto mi santuario. Paso acá el mayor tiempo que puedo, es mi lugar favorito, se preguntaran por qué, lo que más me late es que parece como que hay un campo de fuerza invisible que rodea el parque y tiene por centro el árbol. La raza lo evita a toda costa, rodeándolo aunque tengan que caminar más, ¡bola de nenas!

Creo que es porque le tienen miedo al loco, y la neta tienen algo de razón, el vato sí impacta, todo sucio y flaco, y la mirada como de muerto que tiene. Recuerdo que la primera vez que me vio salí corriendo como niña. Total que el compa tiene el estilacho de un ladrón callejero de película, y con eso de que se la pasa sobre el árbol uno tiene que estarse cuidando por todos lados. Esta vetarro, pero es muy ágil y rápido, en unos segundos puede cruzar todo el árbol de rama en rama y saltar como ninja para aterrizar en el pasto sin hacer ruido, ¡súper pro!

Cuando pasaba alguna persona Tarzán luego, luego se daba cuenta (como un león huele a su presa a la distancia) y en chinguiza se movilizaba para poder verlo, le clavaba en la frente su mirada de zombie como evaluando si su carne es suficientemente sabrosa como para iniciar la masacre. ¡Esa mirada está cañona!, ahí uno entiende a los animales del discovery channel, total que así cualquier persona en su sano juicio evitaría pasar por ese parque.

Lo bueno es que yo soy fanático de las películas de zombies, monstruos y bestias salvajes, así que no me asusto fácilmente. Total que un día, después de catecismo, me lancé al parque, la neta si tenía miedo, pero todos los héroes tienen miedo, la cosa es no sacatearle. Con cuidado, me detuve lejos del árbol para buscar al Loco a lo lejos y evitar que me sorprendiera por la espalda, yo no iba a morir como el típico pelmazo de las películas de terror.

Tarzán estaba en la misma posición en la que lo había conocido, sentado en una rama con la guitarra negra entre brazos, al llegar no estaba tocando, me di cuenta que apenas iba a empezar, las notas fueron las mismas, la canción ¿Cómo te va mi amor? (googolie la letra para descubrir el nombre). Tarzán estaba de espaldas a mi, así que me senté recargándome al tronco de un pequeño árbol.

Asustado y todo, pero disfruté la rola, el ritmo es tranquilo, pero la letra está poderosa, además el vato la cantaba con mucho corazón. Parecía que la canción estaba por terminar cuando Tarzán levantó la cabeza estirando el cuello, ¡madres! (pensé) ¡ya me olió este vato!, en friega me puse de pie listo para correr por mi vida.

Cuando volteo la cabeza hacia mi estuve a punto de correr a lo loco, pero su mirada fue diferente, duró unos pocos segundos, me lanzó sus ojos y me di cuenta de que me reconoció, en unos segundos volvió su cabeza hacia su guitarra y siguió tocando, yo no era la víctima que él estaba esperando.

Poco a poco me di cuenta de algo, a Tarzán no le interesaba, de hecho parecía que después de que me miró por primera vez, me volví invisible para él, como si no fuera ni de su interés, ni una amenaza para sus dominios. Con los días fui tomando confianza, literalmente Tarzán sólo me pelaba los dos segundos que necesitaba para verificar que era yo, entonces volvía a su ritual diario. Era como si no existiera.

Así es, este vato parece una maquinita, tiene un ritual que replica cada día. Empieza por bajar su guitarra, la cual guarda en un estuche negro colgado de una de las ramas más altas del árbol, con delicadeza saca la guitarra dejando el estuche colgado.

Tenía una rama especialmente seleccionada para tocar, ya les he platicado de ella, es una rama baja y gruesa, ahí se sienta este compa y empieza su concierto diario. Toca siempre tres canciones antiguas, me tarde un rato en averiguar el nombre de las rolas, pero todo puede encontrarse en internet. Las rolas son: ¿Cómo te va mi amor?, Cucurrucucu Paloma y No tengo más patria que tu corazón.

A pesar de lo viejas, y de que sólo las toca con la guitarra, están cotorras, mi favorita es la última: No tengo más patria que tu corazón, es de un vato que está mega enamorado. No soy fan de ese tipo de canciones cursis (estoy harto de escuchar a mi hermana todo el tiempo cantando estúpidas canciones), pero me gusta mucho como suena la guitarra, creo que algún día me voy a meter a clases para rockear con todo.

Total que al terminar mi rola favorita, sube de nuevo hasta arriba para guardar la guitarra, y de ahí va a donde está una caja de madera cubierta con pedazos de bolsa negra como de las que usan para guardar la basura, de ahí toma un libro gordo y viejo, siguiendo su paso por entre las ramas llega al punto más alto en el qué lo he visto escalar.

Trepado hasta allá arriba se para en un pequeño pedazo de rama rota con la espalda apoyada en el tronco del árbol, supongo que desde allá debe haber una vista mega pro de todo Bugambilias. Total que abre el libro y empieza a leer en voz alta.

Tarde unos días en darme cuenta de que no leía con ningún orden, simplemente abría el libro al azar y se ponía a leer. Tarzán es bueno leyendo, le pone mucha emoción (como con la guitarra), con decirles que lograba mantener por un rato la atención en lo que leía.

El tiempo que leía no era igual cada día, duraba lo que le diera la gana, a veces muchísimo tiempo y otras sólo un par de palabras. ¿qué bizarro no?, bueno, supongo que es normal que un vagabundo que vive en un árbol haga cosas extrañas.

Cuando dejaba el libro tomaba uno o varios cuadernos viejos que también estaban en la caja, y se acostaba en su hamaca, leyendo en silencio. Total que no sé cual es su siguiente actividad, supongo que getearse, nunca me he quedado en el parque el suficiente tiempo para averiguarlo. Estaría chido hacer una misión especial en la noche para espiarlo, solo que tendría que encontrar una forma de salir de la casa por la noche, mamá siempre deja la puerta cerrada con llave y la ventana de mi cuarto da al jardín y no a la calle (además que debo de aceptar que no soy tan fregón para escalar como Tarzán).






4. La fille aux yeux marrons.
Octubre 1

¡Estoy enamorado!, ¡perdidamente enamorado!, es como si viviera a gran velocidad, todo a mi alrededor va a la madre de rápido, y yo me muevo leeeeento, como en cámara lenta, cuando respiro siento algo en el estómago. ¿qué pedo con esto?, jajaja, estoy feliz.

La neta es que esto del amor siempre se me ha hecho una estupidez, ¿quién quiere pasar el recreo tomado de la mano y platicando tonterías cuando puedes jugar fútbol o hacer alguna daga?, hay algunos en la escuela que tienen novia, y siempre se me han hecho medio torolos.

Obvio si quiero alguna vez tener una novia, casarme y una casa con un perro pro y una moto poderosa, pero hay otras cosa más importantes hoy: el fucho, cotorrear con los compas, pasar aventuras, total, vivir al 100%.

¿Se acuerdan de mi amigo el Alex?, total que fue su cumpleaños y organizó una fiesta en su casa, está muy chida. Yo estaba emocionado por ir, iba a ser algo en grande, muchos compas, vaya un buen cotorreo. No tenía ni idea de que ese día me iba a cambiar para siempre, que ahí la iba a conocer.

Alex tampoco tenía idea de quien era, resulta ser que sus mamás son amigas y que como se acaban de cambiar a Bugambilias, mi tía las invitó para que fueran “haciendo amigos”. Algún día le tengo que agradecer a mi tía la idea.

Yo estaba jugando al Play (ganando como siempre) con unos amigos, cuando la vi. Entró a la sala y se sentó en el sillón, traía uno de esos vasos desechables rojos con algo de refresco, ¡valió madres!, es la niña más guapa que he visto en mi vida, de repente todo lo demás era estúpido e irrelevante lo único que quería era verla.

Lo que más me gusta de ella son sus ojos, son color café como los de casi toda la raza, pero son únicos, grandes y muy vivos, ¡son la onda!, como que sonríe con ellos, lo único que quería yo era que esos ojos me vieran. Su piel es blanca y sus labios rosas y delgados, es alta y flaca, y tiene el pelo color café claro y largo, como a media espaldas, lo traía suelto, es la mujer más guapa del planeta.

Literalmente no pude dejar de verla (me metieron una paliza en el fifa), me puse a platicar con un compañero de la escuela que estaba también en la sala, no sé que tantas tonterías decía sobre un nuevo juego que había comprado, yo sólo lo cotorreaba porque así podía estar en el ángulo perfecto para verla sobre el hombro de mi compa, ¡su sonrisa es mágica!

Total que me ganó la cobardía y no pude hablar con ella, me pasé toda la tarde mirándola de lejos, tiene en mi un efecto increíble: una sensación extraña en todo mi cuerpo, un vació en el estómago y una lentitud no sólo de mis extremidades que se mueven lenta y tontamente, sino de todo en mi, como si de repente un virus extraterrestre se apoderada de mi y me convirtiera en un pelmazo. Pero al mismo tiempo mi mente funciona al máximo, cientos de ideas y pensamientos cruzan por mi mente a gran velocidad, ¿quién es?, ¿de dónde vino?, ¿tiene novio?, ¿cómo platicar con ella?, mi cerebro crea futuros inciertos en donde somos protagonistas de una vida juntos, estoy enamorado.

¡Maldita noche! llegó demasiado pronto, aunque cualquier momento sería demasiado pronto, la neta quería quedarme ahí por siempre, o por lo menos hasta encontrar la forma de saludarla. Se fue con su madre; inmediatamente busque a Alex por todos lados, hace una hora tenía que estar en casa, pero ¡ni madres!, tenía que saber su nombre: Andrea.




5. La contagion.
Octubre 13

Les escribo desde el Parque, ya les había dicho que es mi lugar favorito, pero algo aquí a cambiado, este parque es mi santuario: es el lugar en el que pienso en ella. ¡Mendiga Andrea! Se me ha metido entre ceja y ceja, ¿qué le hace uno? Total que en cuanto termino mi tarea me vengo para acá, aquí nadie me ajera si me quedo como pendejo viendo hacia la nada, me gusta intentar recordar y construir con mi mente mis recuerdos de Ella.

El Tarzán se ha vuelto mi compa, bueno, tal vez para ser mi compa tendría que darse cuenta de que existo, jajaja, es más como mi compañero, él en sus pensamientos y yo en los mios. De vez en cuando me echa alguna mirada corta y ¡yap!. Yo le he perdido el miedo, es tranquilo el vato, ya hasta me subo yo también al árbol, escogí una rama de las más largas y bajas.

No es tan cómodo como sentarme o acostarme en el pasto, pero es especial, ya el Loco no me parece tan loco, esta chido sentarme acá y escuchar el concierto y la lectura, o simplemente perder el tiempo pensando, viendo el movimiento de las hojas con el viento o cualquier otra tontería.

Total que “No tengo más patria que tu corazón” es mi rola favorita, desde el inicio fue la que más me gustó (las otras dos son medio emo), pero ahora, con Andrea, es como si fuera mi canción. Nunca he sido de esos vatos que cantan y la madre (eso es para nenas) pero cada día, al escuchar la guitarra del Loco, le canto a Andrea, sé que no me escucha, pero es como si estuviera de nuevo en la casa de Alex y pudiera confesarle esto que me trae apendejado y pudiera mirarla a los ojos sin decoro.

Descubrí cual es el libro que lee después de las canciones, se llama “los Miserables”, se trata de un chavo que se llama Mario y que es un revolucionario súper pro, pero no en México (primero pensé que era como un pancho villa, pero luego me di cuenta) sino en Francia, (un país lejano). Total que este Mario junto con sus compas quieren fregarse al gobierno porque este no hace nada.

Al principio es pura habladuría pero poco a poco va tomando forma el plan hasta que consiguen unas metralletas y otras armas y hacen unas barricadas (creo que son como fortalezas hechas con basura, coches quemados y eso, como las que salen en las noticias), y se rebelan contra el gobierno.

Total que este compa es valiente, pero además esta enamorado de una chava. Le pasó igual que a mi, estaba por ahí alborotando a gente para la revolución (yo no hacia eso, pero en algo se parece a acribillar a mis compas en el FiFa) cuando se cruzo con una niña guapetona por las calles de la ciudad y quedó perdidamente enamorado.

Voy a buscar el libro para leerlo, mis abuelos tienen en su casa una gran biblioteca, seguro está ahí, no esta tan fácil seguirle la trama al libro con la lectura del Tarzán, cada día empieza en un lugar diferente, cuando veo que esta leyendo alguna parte aburrida, dejó de ponerle atención, y me bajo del árbol y camino o un poco, o me recuesto en el pasto para ver las nubes o simplemente getearme.

Los cuadernos que lee la verdad no se de que sean, como ya se habrán dado cuenta, es medio extraño este cuate, pero me cae bien, últimamente me pregunto ¿qué fue lo que lo trajo hasta acá?, supongo que en algún momento de su vida fue una persona normal, y alguna serie de eventos lo llevaron creer que lo mejor que podía hacer era vivir en un árbol. ¿Qué tendría que pasarme a mi para que me convierta en un vagabundo?, jajajaja, la verdad debo confesar que se me antoja, dormir en la hamaca, a la hora que quieras y que nadie te diga que hacer, ¡una delicia!

Total que paso todo el tiempo que puedo acá, en estos días he intentado obtener la mayor información posible sobre Andrea, en definitiva ella va a ser mi novia. La cosa es encontrar una forma cheveré de entrar en su vida. (no puedo simplemente tocar en su puerta y preguntar: ¿puedo hablar con Andrea?, quiero decirle que tiene una hermosa sonrisa).

Alex no es tan buena fuente de información, no tiene la más remota idea y también apenas acaba de conocerla. Pero a través de su mamá he obtenido algunos datos, es de aquí de Guadalajara, es la mayor de su casa, y ya. Jajaja, ¿buena información manejo verdad?
__________________________________________________________



III

 
6. L'éternel esclave de tes yeux
Noviembre 11

Hoy llegué temprano al Santuario, el catecismo se canceló, no tengo ni idea de por qué, pero en esos casos no conviene preguntar sino salir de ahí antes de que pase cualquier cosa. Total que mi mamá si tenía que darle clases a su grupo (le da a los más chamacos), así que quesque me iba a la casa pero como siempre con mi acostumbrado paseo.

El Loco estaba leyendo sus cuadernos en silencio, cuando me escuchó me echó su mirada típica de confirmación y regresó a lo que sea que contengan esos viejos cuadernos. Yo trepé por el árbol hasta la hamaca y me acosté a escribir (acá ando).

Se me hace que no les había contado, pero ya soy súper compa del Loco, en este último mes le he perdido el resto de miedo que le tenía, la clave fue ir calándole poco a poco. Un buen día (la neta no recuerdo cual), me animé a acercarme a sus cosas. Lo hice con cuidado y muy atento a donde estaba este cuate, por si las flais yo tenía que salirme en chinga de ahí.

Lo primero que hice fue subirme a su hamaca. Es una vieja hamaca grande, de esas que tienen dos palos para que se mantengan estiradas. Esta de lujazo porque desde ahí puedes ver cómodamente todo el parque, el estacionamiento del Hiperama y el Templo.

Cuando empecé a subir, el Loco estaba leyendo sus cuadernos (como está haciendo ahorita), y al darse cuenta (al parecer tiene muy buen oído) me volteo a ver, dejó de leer y se quedó estokeandome, como viendo que pedo conmigo. Tenía que decidir que hacer en unos segundos: o echarme pá tras o calarle haber si me comenzaba a ladrar.

Le dije: ¡hey! Ando cansadon, sólo quiero acostarme un rato, ¿hay chance?, el Loco se quedo en silencio mientras yo me sentaba en la hamaca, cuidando no perderlo de vista (ya traía en mi mente muy claro porque ramas me iba a bajar en friega si algo pasaba). Total que cuando vio que me senté, le valió maíz y se volvió a su lectura. ¡se armó la machaca!

Desde ese día no había problema para subirme a la hamaca, las primeras veces le avisaba, pero ya después no tenía sentido interrumpir el silencio que hay en el parque, suena vulgar hablar si no es para cantar o pa leer el Libro.

Fui calando los distintos lugares del árbol, inclusive el rama rota hasta arriba donde se sube a leer los Miserables, ¡sin pex! Aunque hay tres lugares a los que no me puedo acercar: la guitarra, la caja de madera y la mochila militar, nomas me acerco a alguna de ellas y Tarzán me lanza una mirada que me recuerda a las de mi madre, ¡terrible!

Total que ya le he calado varias veces y me trago siempre la misma mirada, ¡que mal!, le tengo muchas ganas a chismear en sus cosas. En este mes sólo pienso en dos temas: Andrea y el loco, como que desde que ando enamorado me cae mejor. Además ahora ya no le tengo miedo (excepto cuando me ajera), entonces paso menos tiempo preocupándome por cuidarme de un ataque a mordidas y más imaginándome y preguntándome sobre su vida.



Ha pasado dos semanas y todavía no me queda en claro que fregados fue lo que paso. Estoy agüitado, y la neta no quiero escribir, ¡ni me atrevo a tocar el árbol!, me senté en el pasto para contarles lo que paso y luego continuaré la búsqueda.

Total que yo estaba en la hamaca escribiendo un poco, cuando escuche unos pasos que se acercaban, los ruidos venían del otro lado del árbol así que me tuve que bajar de la hamaca y cruzar varias ramas para averiguar que pez.

¡Era ella!, ¡Andrea!, por fin la volvía a ver, ¡es rete-guapa la descarada! Mil cosas me pasaron por la cabeza en unos segundos, tanto que casi me caigo del árbol, ¿qué debía hacer? Mi primera idea era bajar en friega y por fin saludarla, no me iba a quedar torolo como en casa de Alex.

Total que estaba a nada de bajar del árbol cuando me di cuenta de algo, ¿qué iba a pensar Andrea al verme bajar del árbol del loco, descalzo y con mi diario en las manos? (dejo siempre mis tenis en el piso, pá sentirme más libre), igual y piensa que soy otro loco vagabundo, o hasta que quiero hacerle alguna daga y salga corriendo o gritando como vieja loca.

Además la cosa estaba peor, Andrea no estaba sola, venia con su mamá y con su perro, su perro vale maíz, pero no quiero una mala primera impresión con mi guan-a-be suegra, ya de por sí tiene cara de señora fresona, no creo que le parezca que le tire la onda a su hija un chavo que, o es vagabundo o es compa de vagabundos.

¡Ni maíz!, en esta vida hay que ser astutos, y si quiero conquistar a la Andrea, debo ser todo un seductor fregón. Así que decidí que me iba a quedar escondido hasta que pasaran. Eso sí, en cuando estuvieran lejos me bajo en friega me pongo mis tenis y las sigo. Todavía no decidía si las iba a seguir de lejos namás para ver donde viven, o si me iba a cruzar “accidentalmente” en su camino, igual y hasta me invitaban a cenar o algo así.

No cruzaron el parque, en cuanto pasaron el árbol se pararon y le quitaron la correa al perro. Es la onda Andrea, se ve que le gustan mucho los animales, se puso a jugar a echarle una pelota que el perro traía corriendo, yo siempre he querido tener un perro que haga ese truco.

¿Cómo puede gustarme tanto una niña con la que ni he hablado?, de hecho apenas la he visto dos veces, pero uno no necesita muchas miradas pá saber que es la adecuada, me encanta como sonríe, además, su perro me cae bien.

La mamá estaba parada a unos cuantos metros de Andrea, como cuidándola y disfrutando del momento, está medio vetarra pero es también guapetona, se parece a Andrea, aunque ella es diferente, se ve que no es tan alegre, Andrea sonríe todo el tiempo, se ríe, corre, ¡vive!, la mamá sólo cuida, igual y son cosas de mamás, ni idea.

Total que yo también sonreía, me he de haber visto muy idiota ahí escondido espiando y con una sonrisota más idiota que la del inmortal chavelo en sus programas de los domingos, era como conocerla sin conocerla, amarla con la mirada.

Ahí fue cuando me di cuenta que algo estaba mal. Estaba concentrado en mis planeaciones amoriles y por eso me tarde en cachar que el Loco actuaba raro. No sé si les he contado, pero al Loco le vale la raza, cuando ve a alguien nuevo se saca de onda y se pone muy atento a evaluar a ver si tal persona es una amenaza, digamos que como hacen los leones cuando escuchan algún ruido en la sabana, si escuchan algo raro se levantan y ven que pex y si todo está bien se regresan a disfrutar de la vida.

Así le hizo conmigo la primera vez, me echo su mirada como escaneándome y después dejo de preocuparse por mi. Yo creo que ahora le da gusto cuando puedo venir a pasar el rato acá.

Ese día fue diferente, no vi bien que pasó porque estaba como en shock por ver a Andrea, pero algo pasó, el Loco dejo de leer sus cuadernos. Normalmente cuando terminaba de leerlos, con cuidado los recogía y subía hasta la caja a guardarlos cuidando que las bolsas negras protegieran la caja. El compa era tan cuidadoso de sus cosas que le caería bien a mi mamá.

Total que ese día fue diferente, yo me di cuenta que estaba trepando rápidamente, como apresurado, lo raro era que no traía sus cuadernos, los busqué en su rama de lectura, estaban tirados, jamás había visto uno de sus tesoros tocar el pasto.

La neta si me saqué de onda y perdí la emoción de ver a Andrea, me sentía como ajerado, si algo molestaba al Loco era como si me ajeraran a mí, traía encendido mi sentido de alarma. El pedo es que no sabía que, nunca había visto al Loco fuera de control, (de hecho es raro que lo llamen Loco, a mi me parece que siempre está tranquilo).

Tarzán siguió trepando hasta llegar al estuche, no era normal, el siempre había sido muy cuidadoso, hasta yo diría religioso, sacar la guitarra del estuche negro era todo un rito que hacia lento y con cuidado, me recordaba el cariño y cuidado que mis tías tenían con mis primos bebes. Ese día no fue así, sacó la guitarra lo más rápido que pudo, sin importarle nada más.

Volvió a violar su ritual al no regresar a la rama en la que acostumbraba tocar la guitarra y leer sus cuadernos, no tengo ni idea de por qué, pero siguió subiendo por el árbol hasta la rama superior, la que esta rota y esta casi en lo más alto del tronco, ahí donde se pone a leer en voz alta Los Miserables.

Recargado sobre el tronco de su refugio abrazó con sus manos la guitarra y comenzó a tocar la canción con la que iniciaba todas las tardes su concierto: ¿Cómo te va mi amor?, era evidente que no estaba bien, su voz y su música eran diferentes, pensé que tal vez era sólo porque yo estaba nervioso o porque él estaba tocando la guitarra a treinta metros de altura, me equivoqué.

Total que yo sabía que el Loco maneja muy bien lo que viene siendo el equilibrio, y no había peligro alguno de que se cayera. Así que dejé al Loco con su guitarra y volví la mirada hacía mi amada. Los juegos con el perro se habían interrumpido y estaba parada buscando con la mirada en el árbol. Me asuste, ¿me habrá visto?, entendí que no me buscaba a mí, sino a la música, su mirada iba hacia lo alto y sus ojos estaban clavados en el Loco.

La Mamá también buscaba a través del árbol pero tardó más en encontrar al Loco, cuando lo vio se asustó, no es normal ver a un vagabundo dando un concierto en la copa de un árbol; caminó rápidamente hasta Andrea sin quitar los ojos del Tarzán, estaba algo lejos, así que se tardó en llegar. Algo pasó en ella, porque conforme se acercaba a su hija bajó la velocidad a tal grado que se detuvo a su lado sin tocarla, con la boca abierta, las manos caídas a sus costados y la mirada profundamente clavada en el Loco.

Así se quedó congelada hasta que el loco empezó su segunda canción “Cucurrucucu Paloma”, una sonrisa apareció en su rostro, fue la primera vez que la vi sonreír, así se parece más a Andrea, sin duda heredó de ella su mágica sonrisa.

La madre se hincó al lado de su hija, que escuchaba la rola con atención mientras acariciaba a su perro que, con la pelota en la boca, insistía en llamar su atención para que se la lanzara. Le acariciaba su cabello, peinándoselo con sus dedos, de pronto la atrajo a si con sus brazos abrazándola tiernamente, le dio un beso en el cachete y comenzó a platicarle algo, por más que me esforcé no pude escuchar desde dónde estaba, ¿qué le diría?, el resultado fue una gran sonrisa en Andrea quien, mirando a los ojos a su madre, le hizo una pregunta.

Se veía que la conversación estaba buenaza cuando de repente empezó mi canción: “No tengo más patria que tu corazón”. Sentí un profundo vacío en el estómago, ahí estaba Andrea y el loco tocaba la canción, ¿cuantas veces había cantado esa rola pensando en ella, imaginando que estaba frente a mi y que era yo causa de sus sonrisas. Esta era mi oportunidad, ella no sabía que estaba ahí, pero yo le cantaría la canción: la primera serenata.

Estaba nervioso y apenas podía abrir los labios, no salía sonido de mi boca, pero ellos se movían al ritmo de la letra, al ritmo de mi corazón. Con ella ahí cada palabra tenía más sentido, ¡estoy pendejamente enamorado!

¡Maldita lluvia!, yo siempre he sido fan de ella, pero en un minuto me dieron ganas de escupir sobre cada gota de agua del océano. Así pasa en Guadalajara, cuando llueve ¡llueve!, la tormenta se desató de golpe y Andrea se asustó, se puso de pie mientras su madre le ponía la correa al perro y en unos segundos estaban corriendo hacia la avenida, tomaron hacia arriba. Yo no me había movido un centímetro, nuestra canción todavía no acababa.

Mi corazón se entristeció profundamente por la serenata interrumpida, ¡maldita!, ¡maldita lluvia!, ¡estúpido ciclo del agua!, dejé de cantar y comencé a descender para seguir a Andrea y descubrir cual era su casa.

Al tocar el piso me di cuenta que la música seguía sonando, volteé al cielo y el Loco estaba ahí, bañado en agua, pero firme sobre la rama, con los ojos hacia el último lugar por donde había cruzado Andrea, tocando y cantando con ese sentimiento tormentoso que parecía poseerlo.

No dí un paso más para seguir a Andrea, ¡ni madres que abandono mi primera serenata!, con los brazos estirados a los lados para sentir la lluvia, volví a cantar, pero no ya con la timidez del amante escondido, sino con la locura de mi amor apasionado.

Canté sin miedo con el corazón, la neta sin talento pero poniendo en cada palabra las largas horas que he pasado pensando en ella, ¡No tengo más patria que tu corazón!, ¡si todo se cae me queda tu amor!, ¡me queda tu nombre que grito a todo pulmón!

Terminé la canción con algunas lágrimas en los ojos, empapado y temblando, no sé si por el frío o por el volcán de emociones que se apoderaban de mi. ¡este es el día!, hoy Andrea conocerá al amor de su vida, salí corriendo.

No tengo ni idea de porque, pero algo me detuvo en la esquina del parque, como una extraña sensación de que algo más iba a pasar, que no debía irme ni abandonar el santuario, ¡Qué pedo conmigo!, llevas dos meses buscándola, pensando en ella ¿y hoy que la tienes aquí te quedas congelado?, ¡Cobarde!, ¡Maldito cobarde! Golpeé impotentemente mis piernas con mis puños y caí hincado en medio de la lluvia, ¿por qué no puedo continuar?, ¿qué es lo que me detiene?

No tardé en darme cuenta, no era cobardía ni miedo. A fin de cuentas mi historia con Andrea apenas comienza, Dios no puede ser tan injusto como para no darme otra oportunidad de presentarme, de conocerla y conquistarla. ¡a huevo!, aunque tenga que confesarle mi amor a la mamá del Alex voy a conseguir su teléfono o su facebook, no es esa la razón.

¡Tarzán!, es lo que me detiene. No había sido un día normal para mi amigo, en todo el tiempo que tengo de conocerlo nunca había modificado su ritual, ¿quién sabe cuantos años tenía haciendo lo mismo todos los días?, algo pasó, algo cañonamente importante.

Volteé la mirada hacia el árbol, ahí estaba él parado en la punta, con la guitarra en sus manos y la mirada hacia donde yo estaba, hacia donde había desaparecido Andrea. No alcanzaba a verlo, pero estoy seguro de que lloraba, que el agua que escurría por su cuerpo estaba mezclada con lágrimas, nunca había visto a un adulto llorar y no supe que hacer, ¿debía acercarme a decirle algo?, ¿o tal vez respetar su dolor y quedarme a la distancia?, ¿qué debe hacer uno con el dolor humano?

Total que me quedé ahí, mirándolo de lejos, el tiempo pasó y la tormenta poco a poco disminuyó hasta convertirse en una pequeña llovizna, él seguía llorando en lo más alto del árbol. La guitarra la tenía en la posición en la que tocaba, de repente, tomándola con sus manos la puso frente a su ojos contemplándola.

¡La dejo caer!, el vato dejó caer su guitarra desde allá arriba, ¿qué pedo?, después de rebotar con varias ramas, se estrelló en la banqueta. Instintivamente corrí hacia la guitarra, el golpe hizo que se rompiera de la caja, no me anime a tocarla, ¡es la guitarra de Tarzán!

Volví la mirada a la punta del árbol, el Loco ya no estaba parado, descendía de su hogar rama por rama, lo hacía lentamente, tardó un par de minutos en llegar al piso. Su rostro era diferente, nunca lo había visto así, sus ojos lloraban, no apasionadamente como antes, sino constantemente, ¡pero sonreía!, era una sonrisa pequeña, de esas que no muestran los dientes. Tal vez incluso pasara desapercibida en cualquier otro vato, pero no en él.

Tengo grabada esa imagen en mi cabeza: descalzo, con sus pantalones de mezclilla destrozados, su camisa gris desteñida, empapado de los pies a la cabeza, su cabello castaño le llegaba a media espalda y su barba canosa escurría.

Empezó a caminar no hacia donde yo estaba, sino hacia abajo, hacia la salida de Bugambilias, caminaba tranquilamente, arrastrando los pies en la corriente del agua de la lluvia. Total que ahí me di cuenta, ¡se iba!, ¡el Loco abandona su refugio!, la neta me agüite, ¿por qué te vas?, corrí hacia el gritando: ¡hey! ¡aguanta!, ¡no te vayas!, ¡no te vayas!

Se detuvo y giro su cabeza, yo me paré, esperando una explicación. Sus ojos se detuvieron en mí, no midiéndome o ajerándome como en el pasado, su sonrisa creció, era como una despedida, sin palabras ni hasta luegos, ahí me di cuenta que no le valgo madres, es mi amigo.

¡no te vayas!, ¡quédate aquí, quédate conmigo!, quiero que me enseñes a tocar la guitarra, que me prestes tu libro de Los Miserables, ¡quédate!

Dejó de sonreír, como entendiendo el pedo conmigo, ni una palabra, volvió su rostro hacia el frente, y continuó su camino, yo no pude moverme y me quede ahí, viéndolo partir paso a paso, lentamente hasta perderse de vista.

Desde entonces no lo he visto, al día siguiente llegué nervioso al parque, ¿estaría ahí?, todo estaba como el día anterior, la guitarra tirada y nada se veía movido. ¿qué debía hacer?, no podía subirme al árbol, era como profanar su Santuario, como entrar a una casa sin permiso.

No podía dejarlo así, igual y se birlaban la guitarra, así que la tome con cuidado y trepé hasta el estuche, la guarde en su lugar, también guarde sus cuadernos mojados y bajé en friega del árbol, no podía estar ahí. ¿qué debía hacer?, debía buscarlo, comencé a caminar por la colonia, supuse que podía estar en otro parque así que me puse a caminar buscándolo.

Todos los días salgo a buscarlo, no hay pista de el, ¿hasta dónde puede caminar un hombre?, la neta lo extraño, no platicábamos nada, pero estábamos juntos, cada quién en su pedo, pero juntos, mis búsquedas inician y terminan en el parque.

No he vuelto a subir al árbol, sus cosas son sus cosas, yo sólo me encargo de cuidarlas, tal vez algún día vuelva, o tal vez algún día me anime a subir, incluso tal vez revisar su mochila o sus cuadernos, igual y hay ahí alguna pista sobre dónde está.

Cada que estoy sólo y en silencio me acuerdo de él, de esa imagen final, la última vez que lo vi, la lluvia era ya sólo un chispoteo, ahí lo vi sonreír y llorar por primera vez, él no es un Loco, es sólo un ser humano, mi amigo. Caminando se fue, con la mirada al cielo, los ojos llenos de lágrimas y una sonrisa en los labios, caminando hacia el atardecer, hacia el futuro, tras sentir la última caricia del verano.

3 comentarios: