jueves, 22 de agosto de 2013

Recuerdos


 
Por Juan Pablo Moreno Castillo

Llevó mas de dos años sin verte y todavía me pesa no estar cerca de ti. Aún recuerdo como si fuera ayer la primera vez que nos encontramos.



Yo baje del bus, única forma posible para mí de llegar a ella, y la contemplé. Lo primero que me fijé fueron sus defectos, le hacía falta un poco de arreglo por aquí y otro tanto por allá.



“De todos modos - me dije a mí mismo - por alguna buena razón estoy aquí”



Camine junto a ella para que me llevará a conocerla. Y sí, cada paso que daba me atraía un poco más. Iba dejando entrever su belleza con una sutileza que te provocan ganas de conocerla a profundidad. Mis primeros pensamientos poco a poco se fueron diluyendo en mi mente para darle cabida a esta nueva imagen que me presentaba.



Toda vez que daba una vuelta me quedaba atónito, observándola fijamente, luego recuperaba el aliento y continuaba con el ritmo normal para aparentar ante la gente que nada me pasaba.



Después de un par de horas llegamos al final del recorrido y yo me encontraba embelesado por lo que me había mostrado hasta entonces pero, no sabía que todavía hacía falta la mejor parte.



Debo de ser cuidadoso al elegir las palabras de lo que les voy a describir a continuación, aunque creo que sigue siendo algo inefable.



Estaba cansado, subiendo la última cuesta, cuando levanté la mirada y… Ahí estaba frente a mí: imponente, irradiante, su máxima belleza reflejada con la luz de mediodía y acaparando todas las miradas que se encontraba a su alrededor, su joya más preciada: La Alhambra.



Sus muros de color rojizo, los Palacios Nazaríes, los jardines, la Torre de la Vela, la Puerta de la Justicia, el Patio de los Leones, el Palacio de Carlos V, la Escalera de Agua… La mezcla inigualable de una exquisitez arrogante, de la cual he sido agraciado por ser partícipe en su contemplación…



Mi querida Granada, espero volver a estar pronto junto a ti, recorrer tus calles, ver a tu gente, tomar un té en el Albaicín y observar, en un atardecer, desde el mirador de San Nicolás, tu tesoro más preciado, el cuál, me hizo enamorarme de ti.



PD. Recuerdos.

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