lunes, 26 de agosto de 2013

La falta de reflexión en la clase política



Por Alejandro Vargas Hernández
@Alejandroheva

Cada vez es más notorio que la política atraviesa uno de sus estancamientos más prolongados, nunca antes se había entendido a la política tan mal como en nuestro tiempo.

La política vive una crisis, en particular de la política transformadora, es entonces la desconexión entre praxis política y la moral política. La clase política hemos renunciado a hacernos preguntas profundas, para en cambio ofrecer respuestas superficiales, de manual. Eso en buena medida nos aleja de la diversidad de las personas, la ausencia de sentido y profundidad de muchas prácticas y políticas públicas que nos hacen incapaces de comprender la complejidad y el vacío que provoca una política sin reflexión.

Afloran, más que nunca, las debilidades estructurales de muchos de nosotros. Nadie reclama ya, tiempo para evaluar la respuesta adecuada, para estudiar una propuesta, para pensarla con calma. Es como si la distancia cautelar que tantas veces debería guiar la actuación pública, fuera un defecto.

Necesitamos una clase política con mayor capacidad de escuchar y reflexionar, con intensa concentración profunda. Así obteniendo una política más sensible y próxima, la política no debería intentar ser redentora (como la religión y mesías de izquierda).

Los hombres necesitan que se les tome en cuenta, no que se los redima, porque no son seres degradados, almas inmateriales apresadas en cuerpos materiales. Son, tal como sostenía Friedrich Nietzsche “animales inteligentes, que a diferencia de otros animales, aprendieron a colaborar unos con los otros para hacer realidad sus deseos del mejor modo”.

Hoy la política se concibe mayoritariamente como una lucha por el poder, con pocas ideas sólidas y muchas estrategias, estadísticas e intrigas, aplicándose a menudo el criterio de que todo se vale, se note o no, para acceder y mantenerse en el poder.

La política está lejos de ser una ciencia: es arte. Citando a Saint-Just: “Todas las artes han producido sus maravillas; sólo el arte de gobernar ha producido únicamente monstruos”.

Es momento que repensemos la política, para volverla mas humana.

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