Por Alejandro
Vargas Hernández
@Alejandroheva
@Alejandroheva
Cada
vez es más notorio que la política atraviesa uno de sus
estancamientos más prolongados, nunca antes se había entendido a la
política tan mal como en nuestro tiempo.
La
política vive una crisis, en particular de la política
transformadora, es entonces la desconexión entre praxis política y
la moral política. La clase política hemos renunciado a hacernos
preguntas profundas, para en cambio ofrecer respuestas superficiales,
de manual. Eso en buena medida nos aleja de la diversidad de las
personas, la ausencia de sentido y profundidad de muchas prácticas y
políticas públicas que nos hacen incapaces de comprender la
complejidad y el vacío que provoca una política sin reflexión.
Afloran,
más que nunca, las debilidades estructurales de muchos de nosotros.
Nadie reclama ya, tiempo para evaluar la respuesta adecuada, para
estudiar una propuesta, para pensarla con calma. Es como si la
distancia cautelar que tantas veces debería guiar la actuación
pública, fuera un defecto.
Necesitamos
una clase política con mayor capacidad de escuchar y reflexionar,
con intensa concentración profunda. Así obteniendo una política
más sensible y próxima, la política no debería intentar ser
redentora (como la religión y mesías de izquierda).
Los
hombres necesitan que se les tome en cuenta, no que se los redima,
porque no son seres degradados, almas inmateriales apresadas en
cuerpos materiales. Son, tal como sostenía Friedrich Nietzsche
“animales inteligentes, que a diferencia de otros animales,
aprendieron a colaborar unos con los otros para hacer realidad sus
deseos del mejor modo”.
Hoy la
política se concibe mayoritariamente como una lucha por el poder,
con pocas ideas sólidas y muchas estrategias, estadísticas e
intrigas, aplicándose a menudo el criterio de que todo se vale, se
note o no, para acceder y mantenerse en el poder.
La
política está lejos de ser una ciencia: es arte. Citando a
Saint-Just: “Todas las artes han producido sus maravillas; sólo el
arte de gobernar ha producido únicamente monstruos”.
Es
momento que repensemos la política, para volverla mas humana.

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