Por Paulina Luquín Chavoya
Tocan y tocan a la puerta, ¿no vas a atender? No hay posibilidad de
que esté interesada en acontecimiento alguno esta mañana. El sol es
opaco, pues sus rayos han perdido fuerza, y la Tierra junto a Venus
está temerosa. Los pájaros gritan, no cantan, y estoy agotada de
escucharles. A la lejanía, suenan campanas, posiblemente de una
iglesia que indica la hora de misa, pero es jueves, no domingo, y
entre más pronto pase el cuarto de hora, cuando vuelven a sonar, y
la media, cuando vuelven a sonar, más agradeceré a Dios. Esta
habitación está hecha un desastre, o más bien deshecha, ¿quién
habrá puesto los zapatos encima de la mesa, la botella en el suelo,
y organizado una fiesta de ropa de mujer?
Tocan y tocan a la puerta, ¡atiende de una vez! No me preocupa
quien esté afuera. Está perdiendo su tiempo. Las sábanas son
demasiado pesadas para ser de seda blanca, entre ellas siento una
frescura inigualable y hace tan sólo unos minutos estaba soñando
con la playa, rejuvenecedora agua salada de mar donde ahogo mis
pensamientos. Mis fuerzas son casi nulas. Parece que el carro del
vecino está saliendo de casa, a juzgar por el ruido del viejo motor.
Y el otro vecino, tan escandaloso, trata con todas sus ganas de
imitar un poco a José José, probablemente en la ducha, mientras su
bebé llora en los brazos de la nana.
Tocan y tocan a la puerta, ¡maldita sea! Odio a quien esté ahí
afuera. Un olor a café recién hecho entra a la habitación y
diversos sartenes suenan al estrellarse unos contra otros en el
cuarto contiguo. Voces y voces surgen al mismo tiempo, pero no
entiendo el tema, y suben de intensidad cada vez más. A pocas calles
de distancia, agua cae constantemente desde una llave a culminante
charco y el sonido de las gotas se interrumpe ante semejante
palabrota que un obrero grita a media calle. Por supuesto, una dama
le recuerda los modales con la señal muda e internacional del dedo
medio.
Tocan y tocan a la puerta, ¿quién está tocando? Después de tanta
insistencia me lleno de curiosidad. Ya pagué mis deudas y jamás he
pedido desayuno a domicilio. La agenda está vacía. Mi madre no sabe
donde vivo, no tengo perro perdido, y para recibir un premio me
llamarían por teléfono, ¿cierto? Nada requiero del mundo y el
mundo seguramente no requiere de mí. Tengo una bicicleta azul y poco
dinero en el banco, y caí en este cuarto por casualidad. No tengo
ideas que puedan interesar, y en mi tiempo libre, duermo, y mis
sueños tienen más vida que mi propia vida. Por eso, precisamente
por eso estoy tratando de dormir, pero alguien no me deja y sigue
tocando a la puerta. ¡Qué descaro! ¡Qué barbaridad!

Ballylickey acute sense of perception , acknowledgments for such a generously human and lyrical condition,unprecedented .
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