lunes, 3 de marzo de 2014

Ante la vida, abrir la puerta.


 
Por Paulina Luquín Chavoya


Tocan y tocan a la puerta, ¿no vas a atender? No hay posibilidad de que esté interesada en acontecimiento alguno esta mañana. El sol es opaco, pues sus rayos han perdido fuerza, y la Tierra junto a Venus está temerosa. Los pájaros gritan, no cantan, y estoy agotada de escucharles. A la lejanía, suenan campanas, posiblemente de una iglesia que indica la hora de misa, pero es jueves, no domingo, y entre más pronto pase el cuarto de hora, cuando vuelven a sonar, y la media, cuando vuelven a sonar, más agradeceré a Dios. Esta habitación está hecha un desastre, o más bien deshecha, ¿quién habrá puesto los zapatos encima de la mesa, la botella en el suelo, y organizado una fiesta de ropa de mujer?

Tocan y tocan a la puerta, ¡atiende de una vez! No me preocupa quien esté afuera. Está perdiendo su tiempo. Las sábanas son demasiado pesadas para ser de seda blanca, entre ellas siento una frescura inigualable y hace tan sólo unos minutos estaba soñando con la playa, rejuvenecedora agua salada de mar donde ahogo mis pensamientos. Mis fuerzas son casi nulas. Parece que el carro del vecino está saliendo de casa, a juzgar por el ruido del viejo motor. Y el otro vecino, tan escandaloso, trata con todas sus ganas de imitar un poco a José José, probablemente en la ducha, mientras su bebé llora en los brazos de la nana. 

Tocan y tocan a la puerta, ¡maldita sea! Odio a quien esté ahí afuera. Un olor a café recién hecho entra a la habitación y diversos sartenes suenan al estrellarse unos contra otros en el cuarto contiguo. Voces y voces surgen al mismo tiempo, pero no entiendo el tema, y suben de intensidad cada vez más. A pocas calles de distancia, agua cae constantemente desde una llave a culminante charco y el sonido de las gotas se interrumpe ante semejante palabrota que un obrero grita a media calle. Por supuesto, una dama le recuerda los modales con la señal muda e internacional del dedo medio.

Tocan y tocan a la puerta, ¿quién está tocando? Después de tanta insistencia me lleno de curiosidad. Ya pagué mis deudas y jamás he pedido desayuno a domicilio. La agenda está vacía. Mi madre no sabe donde vivo, no tengo perro perdido, y para recibir un premio me llamarían por teléfono, ¿cierto? Nada requiero del mundo y el mundo seguramente no requiere de mí. Tengo una bicicleta azul y poco dinero en el banco, y caí en este cuarto por casualidad. No tengo ideas que puedan interesar, y en mi tiempo libre, duermo, y mis sueños tienen más vida que mi propia vida. Por eso, precisamente por eso estoy tratando de dormir, pero alguien no me deja y sigue tocando a la puerta. ¡Qué descaro! ¡Qué barbaridad!

1 comentario:

  1. Ballylickey acute sense of perception , acknowledgments for such a generously human and lyrical condition,unprecedented .

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