Por Carolina Gallegos Pedroza.
Dormí
poco pero bien.
Me
desperté antes de las 7:00 a.m.
La
casa en silencio, tiendo mi cama y me arreglo. Aprovecho para
acomodar algunas cosas fuera de su lugar.
Bajo
a desayunar, Lupita ya había llegado a trabajar y me regala un tamal
de “rojo”. También llega Juan a la cocina y juntos arreglamos el
reloj que tiene meses sin avanzar en la cocina.
Aparece
la Tía Luzma y desayunamos juntas, pasan de las 9:30 y recuerdo que
tengo una cita a las 10:00 en la Universidad. Aviso que me iré en
Taxi y Natalia se ofrece a llevarme, siempre y cuando esperemos a sus
mamá, total que llegamos a las 10:20 a la Uni, previamente hice la
llamada para avisar que iba tarde. En el camino, Natalia confiesa su
culpabilidad al dejarme el fin de semana sin gasolina y por lo cual
mi converse se quedó “viudo”.
Tuve
mi cita en la Universidad con mucho éxito y con eso empiezo mi
proceso de inscripción para la especialidad…termino mi entrevista
y subo al centro de cómputo a instalar mi “oficina provisional”,
pasa Pedro a saludar y me da el “tip del día” (consejos de
desaceleramiento personal) le agradezco y nos despedimos. Recibo una
llamada y bajo al pasillo central a contestarla para no interrumpir a
quienes trabajan en el CC.
Al
estar hablando por teléfono llega una chiquilla de Hermosillo para
pedir ayuda porque no sabe cómo llegar a su casa, termino la llamada
y me ofrezco a guiarla. De regreso, en agradecimiento su papá me da
raite al Colegio en donde anteriormente trabajaba. Saludo a varias
ex-compañeras, y me dirijo al centro hacia una cita. En la salida me
encuentro a Chío que va para el rumbo y me ofrece un “aventón”…
juntas esperamos a su esposo y me dejan en la calle Venustiano
Carranza.
Ahora
sólo es cuestión de encontrar la dirección, cerca de correos, con
un número con terminación 6… no lo recuerdo con exactitud. Llego
a la dirección y para mi sorpresa no han escuchado hablar de la
persona a la que buscaba… así que intento tocando puertas con la
misma terminación, sin éxito… pregunto a los vecinos que circulan
por la calle y no saben de la dirección ni de la persona a la que
busco. Cabe mencionar que la pila de mi celular se había terminado
hace más de una hora y a pesar de recordar con seguridad haber
guardado el cargador en mi mochila, no lo encuentro, por lo tanto no
tenía medio de comunicación para pedir ayuda a quien sabía
dirigirme.
La
solución: pedir un teléfono prestado en un local de confianza, en
la entrada se prohíbe introducir drogas, cigarros y bebidas
alcohólicas, por lo que me parece un lugar saludable y me atrevo a
pedir prestado el teléfono, explicando mi situación. Agradezco la
comprensión aunque detecto una actitud desconfiada en quien me lo
presta. Sólo recuerdo el teléfono de la Universidad y pienso en
pedirle ayuda a Beatriz, sin pensar que era la persona que más se
podría preocupar por mi situación. Le explico y le pido que consiga
la dirección que necesito con una amiga en común. Le doy el
teléfono del local y mientras espero que me devuelva la llamada
hojeo unos folletos que están en la sala de espera estar. Al
observarlos detenidamente me doy cuenta de que lo más prudente es
que no permanezca en ese lugar y me retiro, sin recordar que estaba
esperando la llamada de Beatriz (después me enteré de que lo
intentó varias veces y no recibió respuesta alguna). Toco en la
puerta de una casa amarilla, sale una muchacha y me dice que conoce a
la persona que busco, y que lo mejor que pude haber hecho fue haberme
salido de ese local, ya que es un ¡¡Spa Gay!!... me deja en la
dirección correcta y por fin, llego a mi cita.
Me
encantaría decir que aquí termina felizmente el día, pero no fue
así, en la siguiente ocasión que mande escrito por este medio
continuaré con la historia, ya que mis amigas me esperan para seguir
con un festejo muy esperado.

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