La
izquierda en México se ha pronunciado siempre en favor de los pobres
y de los más necesitados; pronuncia con frecuencia, también, la
infalible certidumbre que el método científico les proporciona y
cómo la historia les legitima por haber sido siempre los vencidos,
aplastados, pisoteados por los burgueses aristocráticos
ultraderechistas que han dilapidado los bienes de la nación hasta el
hartazgo… Todo esto en la letra se escucha bien, discursos como
estos salidos de voces potentes y penetrantes como la de Taibo II o
el antitodo Noroña (quien está normalmente en contra de estar en
contra, porque no es de izquierda estar en favor wtf?!?!?) tienen la
capacidad de encender el corazón y encaminar a la revolución, pero
apagan el entendimiento y la conciencia propia. Sé que lo que
planteo parece no tener una explicación clara pero trataré de
hacerme entender.
Los
discursos libertarios de la izquierda normalmente empiezan con algo
así: “compañeros, estamos hoy aquí para mostrar nuestra postura
en contra del capitalismo y todo lo que huele a ello”, (normalmente
esto va acompañado de un sorbo a una botella de coca cola y si es de
vidrio mejor, porque dicen por ahí que así es más sabrosa). “No
pasarán!!!!!, no permitiremos que nos roben los bienes que nos
pertenecen!!!. El petróleo, el gas y las gasolinas son nuestras
(entre los aplausos se aprovecha para dar un scrolldown a la macbook
air; por alguna extraña razón, a mis amigos de izquierda eso del
Windows no se les da, igual es una onda anticapitalista, lo bueno es
que Steve Jobs, antes de morir, dejó una empresa con mayor capital
que el propio gobierno americano, completamente stalinista el amigo
de la macbook…). Estamos hartos que los burgueses nos controlen,
odiamos a la mafia del poder que tanto daño le ha hecho a nuestra
gran nación (nótese que la patria es de ellos); los tecnócratas
quieren repartir nuestros bienes, el petróleo es de los mexicanos
(esto en particular me perturba… ¿Tecnócratas? ¿Pues no que los
de la izquierda alaban a la diosa Razón? ¿No pregonan que el método
científico es lo único demostrable y comprobable? ¿En qué momento
los tecnócratas nos volvimos el enemigo de la izquierda? Me incluyo
porque soy ingeniero y creo firmemente en la conveniencia de pensar y
reflexionar antes de hablar); además, no necesitamos de las grandes
paraestatales y privadas para extraer el petróleo, eso lo hemos
hecho desde siempre; ni que fuera la gran cosa sacar petróleo (sin
palabras….). Unido el pueblo, jamás será vencido!!!”
Como
podemos apreciar, el discurso de la izquierda es convenenciero;
hablan de pobreza, equidad, igualdad, pero ellos, que normalmente se cobijan en la retórica populista (que no es igual a popular), son
los primeros en mostrar rasgos de incongruencia. La verdad es que
viven en el capitalismo y del capitalismo; y lo que es peor aún,
viven del gobierno al que repudian y critican pero del que esperan un
jugoso cheque quincenal. Ahhh, claro que hay que pelear contra el
sistema corrupto y asqueroso pero ni modo de renunciar a los
beneficios que emanan de éste. Es más, un izquiedista te dirá que
sólo recupera lo que al pueblo se le ha robado y que lo hace con
orgullo; además, porque él sí está defendiendo los derechos de
los pobre desde la curul donde ha sido DE-MO-CRÁ-TI-CA-MEN-TE electo
para salvaguardar los intereses de sus votantes!!... Bonita
izquierda llena de discurso hueco, de héroes que suenan más bien a
fantasmas inventados por ellos mismos para autovenderse la idea de
que lo que hacen está bien hecho, que responden a una deuda
histórica y no a intereses personales que el mismo Taibo II
adjetivaría como de pinchísimos, y que yo calificaría de otra
manera, pero no es materia de este ensayo.
Una
izquierda crítica y autocrítica, tolerante, plural, auténtica en
su discurso, honestamente científica, no es, definitivamente, la
izquierda mexicana, ni sé que izquierda pueda ser; no la conozco y
probablemente no la conoceré. La izquierda que conozco tiene nombre,
y a la clase política en México se le llama cleptocracia. Es la
clase gobernante que vive del nepotismo, robo, corrupción,
paternalismo y lo peor clientelismo político. Esto último mi padre
lo ha definido mejor que yo como políticos chaqueteros, vivales, que
van de un partido a otro, sólo buscando qué parte del botín se
llevan. Pero tanta explicación no es necesaria; basta con ver los
gobiernos priistas, perredistas y, debo admitirlo, también panistas.
Todos los partidos han demostrado que el único pacto que tienen es
el de no hacer gestos mientras tragan estiércol permitiendo todas
las barbaries imaginables siempre y cuando no salgan muy manchados, y
libren los próximos 3 años, o a lo mejor 6, pero en todo caso hay
que aprovecharlos porque se van volando.
¿Izquierda?
¿Centro? ¿Derecha? ¿Son iguales? ¿Hay alguna opción mejor? Ante
los hechos, admito con franqueza no tener la respuesta. Para mí, la
línea entre las 3 opciones políticas está bastante desdibujada. Yo
sólo aprecio un bloque completo de mafiosos corruptos que pretenden
seguir chantajeándonos con discurso hueco y oratoria que no sirve;
cambiar este país será tarea de nosotros, no de la clase política,
no de la izquierda, no de la derecha, sino de mexicanos
comprometidos, libres, con una visión integral de lo que es la
modernidad y cómo adaptarse mejor a ella, en el marco de la libertad
y del respeto a los demás; mexicanos con espíritu de pobreza pero
con hambre de transformar para bien la realidad de nuestros hermanos
y hermanas (porque si la patria es padre entonces somos familia);
mexicanos con una cosmovisión auténtica, de esa que los filósofos
alemanes definieron como la Weltanschauung, que pretende
comprender nuestro entorno y el de los demás; cosmovisión que se
vuelve filosofía de la vida y apreciación por todo y por todos.
Sólo rebasando nuestras diferencias partidarias y descubriendo las
coincidencias humanas, lograremos transformar nuestra realidad.

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