lunes, 9 de septiembre de 2013

Die Weltanschauung



Por Hector Navarro Benavides

La izquierda en México se ha pronunciado siempre en favor de los pobres y de los más necesitados; pronuncia con frecuencia, también, la infalible certidumbre que el método científico les proporciona y cómo la historia les legitima por haber sido siempre los vencidos, aplastados, pisoteados por los burgueses aristocráticos ultraderechistas que han dilapidado los bienes de la nación hasta el hartazgo… Todo esto en la letra se escucha bien, discursos como estos salidos de voces potentes y penetrantes como la de Taibo II o el antitodo Noroña (quien está normalmente en contra de estar en contra, porque no es de izquierda estar en favor wtf?!?!?) tienen la capacidad de encender el corazón y encaminar a la revolución, pero apagan el entendimiento y la conciencia propia. Sé que lo que planteo parece no tener una explicación clara pero trataré de hacerme entender.

Los discursos libertarios de la izquierda normalmente empiezan con algo así: “compañeros, estamos hoy aquí para mostrar nuestra postura en contra del capitalismo y todo lo que huele a ello”, (normalmente esto va acompañado de un sorbo a una botella de coca cola y si es de vidrio mejor, porque dicen por ahí que así es más sabrosa). “No pasarán!!!!!, no permitiremos que nos roben los bienes que nos pertenecen!!!. El petróleo, el gas y las gasolinas son nuestras (entre los aplausos se aprovecha para dar un scrolldown a la macbook air; por alguna extraña razón, a mis amigos de izquierda eso del Windows no se les da, igual es una onda anticapitalista, lo bueno es que Steve Jobs, antes de morir, dejó una empresa con mayor capital que el propio gobierno americano, completamente stalinista el amigo de la macbook…). Estamos hartos que los burgueses nos controlen, odiamos a la mafia del poder que tanto daño le ha hecho a nuestra gran nación (nótese que la patria es de ellos); los tecnócratas quieren repartir nuestros bienes, el petróleo es de los mexicanos (esto en particular me perturba… ¿Tecnócratas? ¿Pues no que los de la izquierda alaban a la diosa Razón? ¿No pregonan que el método científico es lo único demostrable y comprobable? ¿En qué momento los tecnócratas nos volvimos el enemigo de la izquierda? Me incluyo porque soy ingeniero y creo firmemente en la conveniencia de pensar y reflexionar antes de hablar); además, no necesitamos de las grandes paraestatales y privadas para extraer el petróleo, eso lo hemos hecho desde siempre; ni que fuera la gran cosa sacar petróleo (sin palabras….). Unido el pueblo, jamás será vencido!!!”
 
Como podemos apreciar, el discurso de la izquierda es convenenciero; hablan de pobreza, equidad, igualdad, pero ellos, que normalmente se cobijan en la retórica populista (que no es igual a popular), son los primeros en mostrar rasgos de incongruencia. La verdad es que viven en el capitalismo y del capitalismo; y lo que es peor aún, viven del gobierno al que repudian y critican pero del que esperan un jugoso cheque quincenal. Ahhh, claro que hay que pelear contra el sistema corrupto y asqueroso pero ni modo de renunciar a los beneficios que emanan de éste. Es más, un izquiedista te dirá que sólo recupera lo que al pueblo se le ha robado y que lo hace con orgullo; además, porque él sí está defendiendo los derechos de los pobre desde la curul donde ha sido DE-MO-CRÁ-TI-CA-MEN-TE electo para salvaguardar los intereses de sus votantes!!... Bonita izquierda llena de discurso hueco, de héroes que suenan más bien a fantasmas inventados por ellos mismos para autovenderse la idea de que lo que hacen está bien hecho, que responden a una deuda histórica y no a intereses personales que el mismo Taibo II adjetivaría como de pinchísimos, y que yo calificaría de otra manera, pero no es materia de este ensayo.

Una izquierda crítica y autocrítica, tolerante, plural, auténtica en su discurso, honestamente científica, no es, definitivamente, la izquierda mexicana, ni sé que izquierda pueda ser; no la conozco y probablemente no la conoceré. La izquierda que conozco tiene nombre, y a la clase política en México se le llama cleptocracia. Es la clase gobernante que vive del nepotismo, robo, corrupción, paternalismo y lo peor clientelismo político. Esto último mi padre lo ha definido mejor que yo como políticos chaqueteros, vivales, que van de un partido a otro, sólo buscando qué parte del botín se llevan. Pero tanta explicación no es necesaria; basta con ver los gobiernos priistas, perredistas y, debo admitirlo, también panistas. Todos los partidos han demostrado que el único pacto que tienen es el de no hacer gestos mientras tragan estiércol permitiendo todas las barbaries imaginables siempre y cuando no salgan muy manchados, y libren los próximos 3 años, o a lo mejor 6, pero en todo caso hay que aprovecharlos porque se van volando.

¿Izquierda? ¿Centro? ¿Derecha? ¿Son iguales? ¿Hay alguna opción mejor? Ante los hechos, admito con franqueza no tener la respuesta. Para mí, la línea entre las 3 opciones políticas está bastante desdibujada. Yo sólo aprecio un bloque completo de mafiosos corruptos que pretenden seguir chantajeándonos con discurso hueco y oratoria que no sirve; cambiar este país será tarea de nosotros, no de la clase política, no de la izquierda, no de la derecha, sino de mexicanos comprometidos, libres, con una visión integral de lo que es la modernidad y cómo adaptarse mejor a ella, en el marco de la libertad y del respeto a los demás; mexicanos con espíritu de pobreza pero con hambre de transformar para bien la realidad de nuestros hermanos y hermanas (porque si la patria es padre entonces somos familia); mexicanos con una cosmovisión auténtica, de esa que los filósofos alemanes definieron como la Weltanschauung, que pretende comprender nuestro entorno y el de los demás; cosmovisión que se vuelve filosofía de la vida y apreciación por todo y por todos. Sólo rebasando nuestras diferencias partidarias y descubriendo las coincidencias humanas, lograremos transformar nuestra realidad.



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